• 19/06/2026 00:00

Paso importante en la defensa de los derechos laborales

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La explotación a la clase obrera ha sido despiadada, en los últimos años. El sistema ha impuesto condiciones que nos retrotraen a lo que diversos sociólogos y economistas denominan “esclavitud moderna”: políticas de desregulación y flexibilización laboral que precarizan a la clase obrera.

Entre los resultados de esta política se encuentran la eliminación de protecciones laborales, la imposición de restricciones que buscan debilitar a los sindicatos (con la consecuente pérdida de la negociación colectiva), el auge del modelo de plataformas digitales (caracterizado por la autoexplotación y la uberización), y la proliferación de redes de trata y explotación que suelen prosperar en mercados laborales desregulados y en economías informales. En fin, un modelo que ha impuesto la falta de libertad y la privación de los derechos fundamentales.

El problema ha sido tan profundo y ha afectado a millones de personas que ha comenzado a hablarse de la necesidad de un capitalismo más humano (Iglesia Católica) y del concepto de trabajo decente (OIT).

En 1999, en el marco de la 87.ª reunión de la Conferencia Internacional del Trabajo, se dio a conocer por primera vez la categorización de trabajo decente. Para la OIT, el trabajo decente está referido a un trabajo productivo que proporciona ingresos justos, derechos, condiciones laborales salubres y protección social, orientado hacia el desarrollo económico sostenible, y que actúa como fuente de dignidad y base de la justicia social. Este concepto implica cuatro elementos centrales: el empleo, la protección social, los derechos de los trabajadores y el diálogo social.

La violación a los derechos laborales y sindicales ha sido constante y creciente; por ello, la OIT retomó el tema del trabajo decente. En su 114.ª asamblea anual, el organismo adoptó por abrumadora mayoría el convenio sobre trabajo decente, el cual reconoce los derechos laborales de los trabajadores de plataformas, en virtud de que en muchos países (como es el caso de Panamá), las autoridades laborales, desconociendo los mandatos de sus propias legislaciones, se negaban a reconocer lo obvio: que esta es una labor remunerada y que está sujeta a órdenes expresas y horarios. Es decir que se encuentra bajo el principio de mando y jurisdicción, norma protegida en los códigos de trabajo. Hoy, la clase obrera cuenta con el Convenio 123 de la OIT gracias a la tenacidad de los obreros del mundo.

¿Qué sucede en Panamá? La ministra de Trabajo, en el contexto de la huelga de motorizados de plataformas de servicios de entrega o delivery -quienes exigían mejoras en las tarifas que se les paga- declaró lo siguiente: “Los motorizados de PedidosYa no son trabajadores.../... es una plataforma que cuenta con un aviso de operación, que funciona entre partes como cualquier persona que haga un servicio profesional...”.

El registro de la votación da cuenta de 406 votos favorables (de gobiernos, trabajadores y empleadores), 8 votos fueron en contra y 36 abstenciones, entre las que se encuentran los votos del Gobierno y el de los empleadores panameños. No aparece por ningún lado del registro el voto de los trabajadores designados por el Gobierno (sindicalismo amarillo). Queda claro que no estuvieron en la votación para no contrariar al patrón-Gobierno. El Gobierno y los empleadores fueron coherentes con los intereses que representan, mientras que los sindicalistas amarillos traicionaron a sus representados al dar la espalda al reconocimiento del derecho de la clase obrera.

Realmente nefasto, estos se colocan al lado de grupos atrasados que creen que los derechos laborales deben ser conculcados, que abanican la bandera de la “esclavitud moderna”. Esta es una nueva evidencia que explica porqué Panamá está en la lista corta de mayores violadores a los derechos laborales y sindicales de la OIT.

Lo actuado por la OIT constituye un paso importante en la defensa de los derechos laborales y sindicales de la clase obrera. Constituye una importante victoria del movimiento sindical mundial y panameño.

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