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- 09/08/2026 09:40
La participación política de las mujeres indígenas: una deuda pendiente de la democracia panameña
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Agrega La Estrella en Google ↗️La democracia no puede medirse únicamente por el derecho al voto. También debe medirse por quiénes participan en la construcción de las decisiones, quiénes tienen acceso a los espacios de poder y qué obstáculos siguen impidiendo que determinadas voces sean escuchadas.
En Panamá, las mujeres representan aproximadamente la mitad del padrón electoral y participan activamente en la vida democrática. Sin embargo, ocupan menos del 14% de los cargos de elección popular. Si esta realidad representa un desafío para las mujeres en general, el reto adquiere otras dimensiones para las mujeres indígenas. Según el Censo de 2023, en el país viven 352,292 mujeres indígenas, que representan el 50.5% de la población indígena nacional.
Muchas de las brechas sociales, económicas y territoriales adquieren una expresión particular en sus vidas, especialmente durante la niñez y la adultez mayor. Sus posibilidades de participar, liderar e incidir están condicionadas por desigualdades de género, económicas, geográficas y culturales que se entrecruzan y refuerzan entre sí.
En el marco del Día Internacional de los Pueblos Indígenas, esta realidad nos invita a formular una pregunta esencial para el fortalecimiento democrático: ¿Estamos creando las condiciones para que las mujeres indígenas puedan participar e incidir en igualdad de oportunidades en los espacios donde se toman las decisiones?
Desde IDEA Internacional hemos acompañado espacios de diálogo con mujeres de la comarca Ngäbe-Buglé que dejan una enseñanza clara: el liderazgo de las mujeres indígenas no necesita ser descubierto ni creado. Ya existe. Se expresa en organizaciones comunitarias, en lideresas que impulsan iniciativas para fortalecer la gobernanza de sus territorios y en mujeres que preservan conocimientos ancestrales mientras promueven propuestas para mejorar la representación y la participación dentro de sus propias estructuras de gobierno.
Un tema surgió de manera recurrente: el trabajo de cuidados. Muchas mujeres continúan asumiendo la mayor parte de las responsabilidades domésticas y del cuidado de niñas, niños, personas mayores y familiares dependientes. Cuando estas tareas recaen de forma desproporcionada sobre ellas, el tiempo disponible para participar en procesos comunitarios, formativos o de toma de decisiones se reduce considerablemente.
A ello se suman las limitaciones económicas, las distancias geográficas y el acceso desigual a oportunidades de formación y fortalecimiento de capacidades.
Hablar de participación política implica, entonces, hablar también del derecho al tiempo, a la movilidad, al acceso a información y formación, y a condiciones que permitan ejercer el liderazgo sin tener que elegir entre el cuidado de la familia y el compromiso con la comunidad. La igualdad formal de derechos resulta insuficiente cuando persisten barreras estructurales para ejercerlos plenamente.
Al mismo tiempo, las propias organizaciones de mujeres Ngäbe-Buglé demuestran que la agenda ha evolucionado. Hoy no solo impulsan una mayor representación política; también promueven propuestas para fortalecer la participación efectiva, reconocer el aporte histórico de las mujeres e incorporar principios como la igualdad, la paridad, la interculturalidad y la corresponsabilidad en los espacios de representación y toma de decisiones. Es decir, no solo identifican las barreras: también están construyendo soluciones desde sus propios territorios.
Este proceso invita a ampliar la conversación sobre el tipo de democracia que queremos construir. Una democracia intercultural no se limita a garantizar el derecho a participar; también reconoce las distintas formas de liderazgo, organización y construcción colectiva presentes en el país, generando las condiciones para que todas las voces puedan incidir en igualdad de oportunidades. Fortalecer la democracia implica fortalecer su capacidad de escuchar, dialogar e incorporar las experiencias y propuestas de quienes históricamente han estado subrepresentadas en los espacios de decisión.
La participación política de las mujeres indígenas no constituye una concesión ni un gesto simbólico. Es una condición para construir instituciones más representativas, decisiones públicas más legítimas y una democracia capaz de reflejar la diversidad de Panamá.
En este Día Internacional de los Pueblos Indígenas, la invitación es a seguir construyendo una democracia que refleje la diversidad de Panamá. Una democracia intercultural reconoce que la participación de las mujeres indígenas fortalece la calidad de las decisiones públicas, amplía las perspectivas desde las cuales se construyen las políticas y contribuye a instituciones más representativas y cercanas a la realidad de los territorios.
Generar las condiciones para que ese liderazgo continúe creciendo no solo beneficia a las mujeres indígenas; fortalece nuestra democracia en su conjunto.