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- 24/09/2026 00:00
¡Uno dijo ‘A’ y el otro dice ‘B’! ¿Manda el capitán o manda el marinero?
Decía en una columna del pasado mes de agosto que estábamos a las puertas de las nuevas funciones de los circos presupuestario y electoral. En el primero, se repite un libreto ya conocido: los mismos funcionarios que aprobaron el proyecto del Presupuesto General para el 2027, encabezan las llantarrias, tal y como sucedió con el proyecto del 2026, que sirven de preámbulo a “los acomodos y negociaciones” con los diputados que mueven los hilos en la Comisión de Presupuesto y que terminarán, a eso pueden apostar, en que al Órgano Ejecutivo se “le recomendará” que haga “los ajustes convenidos”.
El detalle curioso y llamativo es que, en esta nueva tanda del circo presupuestario, el titular del MEF, el villano putativo de “los recortes” ha agregado sazón al sancocho, quejándose públicamente de que “sus colegas del gabinete y los “otros recortados” están siendo “cruelmente torturados”, durante los interrogatorios a que los someten los comisionados. Aparte de esa fugaz entrada en escena del susodicho villano, la primera tanda, la del circo presupuestario, por ser similar a esas películas que se repiten y repiten en la televisión, no justifica gastar otras líneas.
Caso distinto es el de la segunda, la de las reformas electorales, que, luego de las afirmaciones de un subalterno que frontalmente contradicen las de su jefe y que, por su gravedad y trascendencia reclaman que, “con urgencia notoria” se suspenda la función y se aclaren las aguas, ahora más enturbiadas. Cuando inauguró su mandato, Mulino dijo que “impulsaría una Asamblea Constituyente en el año 2027”. Pero, además, fue enfático aclarando que el proceso para su eventual aprobación y ratificación por un referendo, concluiría después de las elecciones del 2029, para que su sucesor o sucesora jurara el cargo, “ante la nueva “Constitución”.
Hay que asumir que esas enfáticas precisiones sobre la cronología “del proceso constituyente”, entre otras razones, estuvo destinada a ahuyentar la tentación de que a alguien se le ocurriera lucubrar sobre la posibilidad de que la susodicha constituyente se considerara facultada para interrumpir los mandatos constitucionales, especialmente, el suyo.
Ciñéndose a ese libreto, los triunviros electorales, después presidir decenas de reuniones, que duraron más de un año, elaboraron el proyecto de reformas electorales que ahora, con notables controversias está siendo discutido en la Asamblea. Pero mientras esto ocurre, desde un despacho de la propia presidencia de la república, acaban de lanzar “un misil de largo alcance” al afirmar que “las próximas elecciones se celebrarán” de acuerdo con los preceptos de “una nueva Constitución” que entrará en vigor “antes” del torneo de mayo de 2029.
A los diputados, que han demostrado tener como su preocupación fundamental cómo “acaban de acomodarse el marco legal para perpetuarse en sus curules”, por elemental sentido de supervivencia política, para nada les conviene que el proyecto que discuten pueda quedarse sin piso constitucional y condicionado a lo que pudiera resultar de un nuevo marco constitucional electoral, que “les vendría impuesto desde afuera de su tinglado”. Sería como si cuando alguien está alistándose para colocar y encender las velas para cantar “el cumpleaños feliz”, descubre que se han llevado el pastel para otra fiesta.
Los triunviros electorales, también tienen como reto, inmediato y urgente, aclarar públicamente, que proyectan hacer con “su proyecto de reformas electorales” que, según afirman les ha tomado más de un año, de “minucioso y esforzado trabajo intelectual” plasmar en unos 70 artículos nuevos que, según ellos, crearan para Panamá, el mejor de los regímenes electorales que envidiarían desde todos los confines del globo terraqueo; pero que, sorpresivamente, está siendo acusado, por igual, por el presidente del PRD que, además preside la comisión parlamentaria encargada de darle el primer debate y por los representantes del partido oficial, de inconsulto, arbitrario y de contradecir los consensos acordados por los partidos políticos y los representantes de sectores de la ciudadanía durante los debates de la “Comisión de Reformas Electorales”.
La ciudadanía, desde ahora y sin esperar a la víspera del torneo del 29, debe prestar minuciosa atención a las incidencias que se desarrollan en las pistas “del circo electoral”; a los disfraces con que se visten sus actores y prepararse para dar a cada quién el sitio que les corresponde y que merecen.