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- 30/08/2017 02:00
La cultura en el piso superior
Jules Maigret entró al salón Portobelo en el Centro de Convenciones Atlapa y se ubicó en el centro del alargado espacio. Pudo ver en las sillas de adelante a Hércules Poirot, a Donald Strachey, a Héctor Belascoarán, George Smiley y a Mario Conde que tosía por efectos del tabaco. Se asombró de divisar por allí a Isidro Parodi, quien gozaba de un permiso de excarcelación especial. Percibió la mirada de tonos amarillos de Sam Spade en un rincón.
Casi todos eran personajes de muchas páginas de novela negra que se habían dado cita con la finalidad de revisar el género desde diferentes perspectivas. Primero se sentaron frente a ellos varios periodistas que trataron de diferenciar su oficio, basado en historias verdaderas y cotidianas para verter en los diarios el acontecer cotidiano. Eilen Burke del distrito 87 les criticó que trataran de darle sentido al lenguaje descarnado y morbosidad.
Al terminar los comunicadores, dieron paso a autores con una mesa redonda, coordinada por Mónica Miguel Franco y Edilberto González Trejos. Estuvo Sergio Ramírez, que recordó cómo conoció a los protagonistas de esas narraciones. Allí hubo un debate que alcanzó a detenerse en la mujer fatal y alguien mencionó a Brigid O'Shaughnessy. Sam Spade arqueó las cejas y Constance Kopp recordó sus peripecias en Una chica con pistola.
El encuentro continuó en esta sala, mientras en otra, Darío Arismendi y Conrado Zuluaga analizaban con Jorge Eduardo Ritter la trascendencia de la obra de Gabriel García Márquez y el estilo de sus libros. Los fantasmas de Aracataca deambulaban para crear el clima adecuado. Se trajeron los momentos anecdóticos que mejor retrataron la grandiosidad del autor, hasta los puñetazos de Vargas Llosa que se aclararán en las memorias de éste.
Cada uno de los lugares fue escenario de intercambios en torno a las letras en sus diferentes manifestaciones. La gente recorría el segundo piso en pos del grupo que se reunía para hablar o presentar temas específicos en talleres, charlas, conferencias como la de Mario García Hudson sobre la música panameña en Colombia con su valor agregado de cincuenta fragmentos de discos que datan desde sus inicios, de todo el siglo XX.
Nuevos ejemplares aparecieron en los puestos de exhibición. Los nombres informan sobre el carácter de los contenidos. La colección de los premios del concurso nacional de literatura Ricardo Miró; autores con propuestas hasta entonces desconocidas, sobre vampiros en el Casco Antiguo o migraciones alemanas en Chiriquí. También esfuerzos en cuanto a la actividad culinaria en el país.
Hubo muchos visitantes que trajeron sus poemas, cuentos y prosa. Espido Freire con Llamadme Alejandra o Juan Bolea con Orquídeas negras, Jean Francois Boyer con Lágrimas del volcán y hasta guionistas cinematográficos. Es el caso de Guillermo Arriaga —autor de los textos de filmes como Amores perros— que ahora trabaja en materiales para dar origen a otras películas que se ambientan en la realidad mágica del continente.
Son dos niveles de esta fiesta anual del libro. En la planta baja exposición y venta; mientras que arriba las variadas formas de intercambios, reuniones cuyo motivo es lo que se escribe y esa forma de riqueza inmaterial que está impresa en las hojas de volúmenes. Ellas requieren de los espíritus que entren a dicho mundo para recrearse, instruirse, conocer de la evolución, sentimientos humanos y del trabajo, así como de los momentos de imaginación.
Gracias a la rica experiencia y desarrollo de la industria editorial en Colombia, esta feria obtuvo una respuesta positiva del público que asistió para reencontrarse con todo tipo de figuras como los personajes que inspiraron historias reales o cuya voz desde los renglones que alguien leyó, pudieron tener una forma de estímulo a la cultura.
PERIODISTA Y DOCENTE UNIVERSITARIO.