• 22/08/2011 02:00

Pobreza y violencia

COMUNICADOR SOCIAL.. La pérdida de un ser querido para cualquier familia es un hecho devastador, más cuando sucede en situaciones trági...

COMUNICADOR SOCIAL.

La pérdida de un ser querido para cualquier familia es un hecho devastador, más cuando sucede en situaciones trágicas y de violencia inexplicables. La reciente ejecución de los jóvenes abogados Christopher Eduardo Román, de 26 años; y Efraín Rodríguez, de 28, registrada la madrugada del pasado 15 de agosto, es un ejemplo reciente. Pero, más trágico cuando en una misma familia se pierden dos miembros queridos en poco menos de 20 días, como en el caso del joven Rodríguez, que semanas antes había perdido a su madre. Cuánta tristeza para esta noble familia panameña. En el ínterin se han dado más asesinatos: apuñaladas en un taxi, un cadáver descuartizado en una maleta, ajustes de cuentas y otros cerca de 20 asesinatos a lo largo y ancho del país.

Todos hemos participado de la discusión que se lleva en estos momentos sobre la seguridad de la población frente a lo que, indudablemente, es un aumento en la ola delictiva. Real o aparente (según las estadísticas y las observaciones de las autoridades), para los que ya llevamos poco más de cuatro décadas de vivir en este país, jamás nos hemos sentido tan inseguros, pero esto era previsible, según otros observadores y expertos internacionales.

En febrero de 2006, en Nueva York, las Naciones Unidas auspició la conferencia titulada ‘Crisis of Governance: The International Stake in Sustaining Democracy in Latin America’. El secretario general de la OEA, José Miguel Insulza, participó refiriéndose a la conexión entre crecimiento económico y ‘males sociales’. Señaló que América Latina ha alcanzado grandes avances en términos de libertades (refiriéndose al giro democrático en el hemisferio), y que esto sentaba las bases para el crecimiento económico necesario.

Panamá ha revalidado en cuatro oportunidades en los últimos 20 años su llamada democracia y vivimos en los últimos años el crecimiento económico al que se refería Insulza, sin haber sido afectada gravemente por las variaciones que han producido los vaivenes financiaros que vive el mundo desde hace ya un poco más de tres años. En la mencionada conferencia, Insulza identificó ‘la pobreza y la violencia como las mayores amenazas a la estabilidad en la región’.

En la misma conferencia, Louise Fréchette, la entonces subsecretaria general de las Naciones Unidas, señaló que: ‘América Latina sigue siendo la región más desigual del mundo’ y que ‘un aumento en la violencia y el crimen, ligado por algunos observadores a las inequidades y debilidades del Estado, representa no sólo una amenaza a los ciudadanos, sino también al crecimiento...’.

En la región —y particularmente en nuestro país— la situación actual parece validar algunos conceptos discutidos en la conferencia. De acuerdo a las estadísticas de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación), en nuestra América Latina y el Caribe, a finales del 2009, cincuenta y tres millones de personas pasan hambre todos los días. ‘Cada día, millones de personas en el mundo ingieren tan sólo la cantidad mínima de nutrientes para mantenerse con vida. Cada noche, cuando se acuestan, no tienen la certeza de que tendrán comida suficiente al día siguiente’. La ‘inseguridad Alimentaría’ es uno de los aspectos más significativos que amenazan a la Humanidad en estos primeros años del nuevo milenio. Y esa inseguridad alimentaria va convirtiéndose en acciones concretas que llevan a la inseguridad ciudadana.

El que tiene hambre hará lo posible por resolver su desgracia y la de los suyos. Ese crudo retrato ya nos toca verlo en nuestro Panamá. Hay personas escogiendo entre vivir con hambre o recurrir a lo que le ofrece el mundo del delito y el crimen para subsistir. Y eso va ligado a otros elementos que cimentan la presente situación de crecimiento delictivo.

Este reto, el de la seguridad ciudadana y la violencia, siguió siendo tema recientemente en otro Foro a nivel Regional. A finales de julio pasado, se realizó en Guatemala la reunión regional sobre seguridad con la participación de jefes de Estado y altos funcionarios de Centroamérica y de otros países interesados en el tema. Sobre la misma, la poeta Luz Lescure escribió: ‘Pareciera que la clase política de esta región, y del mundo, sufre de una especie de autismo, o de cierta enfermedad mental que les impide ver la realidad tal como es. Si a alguien se le hubiera ocurrido sacar a relucir al culpable verdadero de todos nuestros males, la pobreza (material y espiritual), y sentarla en el banquillo de los acusados, seguramente hubiera sido maltratado por los organizadores del foro, como un demente que se sale del tema’.

Es la pobreza la causa fundamental de tanta violencia y muerte. No lo digo yo, es la conclusión a que han llegado los más importantes organismos internacionales, teóricos e investigadores sociales alrededor del mundo. Mientras grandes sectores de la población mundial siguen sin poder vivir una vida digna, seguirá escalando la inseguridad que tarde o temprano nos afectará a todos.

Como ya dijimos, en vez de auspiciar inútiles foros y discusiones regionales en donde el lujo y el despilfarro de recursos están a la orden del día, podemos comenzar por la revisión del rol social que ejercen todas las actividades que influyen en el crecimiento y desarrollo de los ciudadanos. Revisemos el proceso educativo, las ofertas de entretenimiento y distracción. La inversión en cultura con contenidos educativos y el papel de los medios de comunicación y procuremos una mejor y más equitativa distribución de los recursos.

Lo Nuevo