• 11/07/2026 00:00

¿Puede América Latina y el Caribe volver a liderar las Naciones Unidas?

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La selección del próximo Secretario General de la ONU ocurre en un momento de profunda fragmentación geopolítica, pérdida de confianza en las instituciones multilaterales y dificultad del Consejo de Seguridad para resolver las principales crisis contemporáneas. Esto plantea una pregunta fundamental: ¿qué tipo de liderazgo necesita la Organización?

Para América Latina y el Caribe, esta discusión tiene una dimensión histórica. La región ha desempeñado durante décadas un papel relevante en la construcción del sistema multilateral y en la defensa de sus principios fundacionales. Sin embargo, han transcurrido más de cuatro décadas desde que una voz latinoamericana ocupó la Secretaría General.

El precedente es Javier Pérez de Cuéllar, elegido secretario general en 1981 en medio de una de las etapas más tensas de la Guerra Fría. En un contexto marcado por la invasión soviética de Afganistán y profundas divisiones dentro del Consejo de Seguridad, la Organización encontró en un diplomático peruano un perfil capaz de construir consensos entre posiciones enfrentadas.

La elección de Pérez de Cuéllar reflejó precisamente una de las fortalezas históricas de América Latina y el Caribe: su capacidad para actuar como espacio de diálogo para lograr consensos entre distintas corrientes políticas dentro del sistema internacional. Su perfil alejado de los principales centros de poder, permitió proyectar una imagen de independencia y capacidad mediadora en un momento de gran polarización.

Hoy, en los pasillos de las Naciones Unidas, una creciente convicción parece abrirse camino entre los Estados miembros: ha llegado el momento de que Latinoamérica y el Caribe vuelvan a aportar su mirada, experiencia y liderazgo a la conducción de la Organización.

El 15 de junio se anunció oficialmente la candidatura de Carolyn Rodrigues-Birkett, actual Representante Permanente de Guyana ante las Naciones Unidas, convirtiéndose en la quinta aspirante proveniente del grupo de América Latina y el Caribe a la Secretaría General. Su candidatura reafirma la presencia de la región en una elección marcada por la búsqueda de un nuevo equilibrio para la Organización.

Rodrigues-Birkett representa un perfil claramente inscrito en la lógica interna del sistema de las Naciones Unidas. Desde sus inicios como maestra, desarrolló una trayectoria que la llevó a ocupar los cargos de Ministra de Relaciones Exteriores de Guyana y Ministra de Asuntos Indígenas. Posteriormente, durante la membresía de Guyana en el Consejo de Seguridad, participó activamente en las principales discusiones del órgano, incluyendo los debates sobre Gaza, Ucrania, Haití, Sudán y Siria.

Durante su intervención reciente en los Diálogos Interactivos con la Asamblea General subrayó la necesidad de preservar la “responsabilidad colectiva” de los Estados Miembros para garantizar que la Organización continúe actuando como una fuerza de bien global, al tiempo que se impulsa un proceso de reforma orientado a una ONU más eficaz.

Su candidatura pareciera conjugar la experiencia para desenvolverse dentro de la compleja maquinaria de la Organización con un perfil que podría contribuir a reforzar la proyección política de las Naciones Unidas entre los jefes de Estado y de Gobierno en el escenario internacional.

Con cinco candidatos idóneos presentados para la Secretaría General, América Latina y el Caribe cuenta hoy con la oportunidad —y la responsabilidad— de volver a aportar un liderazgo capaz de responder a una etapa marcada por la competencia geopolítica entre las grandes potencias, la crisis climática, la transformación tecnológica y la creciente fragmentación internacional.

En ese sentido, el debate ya no es si la región tiene la capacidad, sino cuál de sus candidatos puede encarnar mejor esa voz colectiva y convertir su experiencia, sus principios y su visión en una contribución decisiva para el futuro del multilateralismo.

El proceso de selección ya ha entrado en una nueva fase. El Consejo de Seguridad ha iniciado las audiencias privadas con cada uno de los candidatos a la Secretaría General, un ejercicio que permite a los miembros del Consejo evaluar no solo sus antecedentes profesionales, sino también sus propuestas sobre el futuro de la Organización y su capacidad para liderar. Al mismo tiempo, el equilibrio político de la contienda continúa abierto. La transición de gobierno en Colombia – miembro del Consejo de Seguridad - será un elemento que observar dentro de las dinámicas que acompañan este proceso. Como sucedió en el caso de Chile, los apoyos diplomáticos responden a contextos políticos y prioridades nacionales puntuales que pueden evolucionar con el tiempo.

Más allá de las candidaturas, la selección del próximo Secretario General será una prueba sobre la capacidad de la comunidad internacional para encontrar un liderazgo que combine experiencia multilateral, legitimidad regional y capacidad política. Para América Latina y el Caribe, representa también una oportunidad para volver a ocupar un espacio central en la conducción de las Naciones Unidas.

*La autores son diplomáticos de carrera
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