• 03/08/2012 02:00

Constituyente y representatividad real

En una entrega anterior me refería a la creciente presencia en el debate del tema constitucional, y lo caracterizaba como una ‘exigencia...

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En una entrega anterior me refería a la creciente presencia en el debate del tema constitucional, y lo caracterizaba como una ‘exigencia o demanda’ (ver La Estrella del 20 de julio pasado). Posteriormente, en publicación del 23 de julio, creí necesario tratar de caracterizar la pertinencia de tales formulaciones, con el fin ulterior de encontrar junto con otros ciudadanos el camino. Coincidentemente aquella aparición veía la luz junto a otro artículo del ciudadano Julio Yao que transitaba por los mismos derroteros discursivos. Hoy nos toca hurgar en las causas de esta implosión de nuestra precaria institucionalidad minada por la plutocracia y conjeturar acerca de las posibles salidas.

¿Qué queda cuando el sistema de representación electoral se cierra ante las demandas de que se autoreforme, para dar paso a la demandas de participación de la sociedad? La ciudadanía se pregunta cómo dar paso al debate constitucional, si este ha de estar condicionado por la representatividad partidocrática vigente. El debate de reformas constitucionales integrales, su momento y formas, tiene vigencia en nuestro acontecer político. Esta necesidad se asume desde distintas percepciones, pero su abordaje tendrá como fondo el concepto real de democracia, y la organización electoral accesible todo grupo. En general las constituyentes originarias y trascendentes de la historia han sido estamentarias, recuérdese la francesa, que proclamó la Declaración de los Derechos del Hombre y el Ciudadano.

Estos temas no son privativos del país, ni existe carácter de excepcionalidad debido a nuestro pasado institucional, seguido de una invasión que estableció un hiato en nuestra continuidad estatal independiente. En realidad con estas experiencias, o sin ellas, se necesita siempre, debatir el carácter de la democracia.

La democracia está ligada al libre albedrío de los individuos, y del conjunto de ellos, para determinar lo que es conveniente para su felicidad. Todas las sistematizaciones se remiten a la democracia de ágora griega.

El crecimiento poblacional hizo irrepetible este método en la contemporaneidad, dando lugar a la democracia representativa que obviaba meter millones en una plaza, con la recurrencia necesaria. Un país como Suiza mantiene contacto directo con sus ciudadanos efectuando consultas en los cantones que conforman la sociedad. Son sistemáticas, pero no continuas (referéndums vinculantes).

¿Qué tan democrático es el sistema representativo? Este problema agobia a la democracia contemporánea. La representación territorial es tan impersonal que es muy difícil que un elector tenga contacto con su representante, exceptuando zonas rurales. Los gérmenes de la representación en la Edad Media no tuvieron esos obstáculos, porque las corporaciones gremiales elegían con mucho conocimiento a sus miembros, y así se conformaban los ayuntamientos medievales.

Es fácil valorar dentro de un gremio a una persona por sus ejecutorias. En cambio en la representación territorial, no importa cuáles sean las ejecutorias de un ciudadano, él es un desconocido para sus vecinos, que no han establecido contacto personal con él. Esto pretende remediarse con la campaña electoral, cuyo objetivo es llevar imágenes de candidatos a los ojos de vecinos que no tienen puntos de contacto con ellos. Por los medios que requiere para la difusión de la imagen, la democracia representativa ha devenido en plutocracia.

Los intentos para superar esto han tenido diversas procedencias. Nos referiremos a ellas en su aspecto formal, no en su esencia política. La representación por estamentos es un reavivamiento de una experiencia histórica, la de los representantes gremiales en los ayuntamientos. En el parlamento estamentario cada actividad económica diputa técnicamente su representante a un parlamento así conformado. Esta estructura ofrece dos ventajas: primero, la alta idoneidad para discutir los asuntos económico-sociales que son la base de la vida social; segundo es la capacidad que asume cada ciudadano para asumir la representación de otros con las mismas funciones sociales que él; todo esto con menores costos. La eterna espiral de la historia ha de retomar modelos probados anteriormente, enmarcados en la modernidad. Esto es el parlamentarismo con representación estamentaria.

Para efectuar el deslinde necesario, analizaremos en otra oportunidad las opciones.

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