• 02/04/2026 00:00

Reflexiones y comentarios sobre temas agrícolas en Semana Santa

La historia está “preñada” y se nutre para el caso de las religiones y otras actividades humanas, antiguos ritos paganos, amalgama de ideas, conceptos, conjeturas, yuxtaposición de acontecimientos, creencias, mitos, fantasía popular y una serie de hechos que alimentan la fe, dogma, pragmatismo y fanatismo e imaginario colectivo.

No intento, ni tengo la pretensión de jugar a la Teología “que es el estudio racional, científico y sistemático de Dios, la divinidad y la fe religiosa, basada en textos sagrados, la tradición y la revelación”. Deriva del griego theos (Dios) y logos (estudio) busca comprender la naturaleza divina, la salvación y las preguntas fundamentales de la existencia humana. Menos hacer elucubraciones sobre aspectos sublimes y de un alto calibre y potencial fenomenológico. De ninguna manera atisbar, asomarse, ni mucho menos auscultar los insondables misterios de la creación.

Esbozaremos algunas pinceladas generales, de ese lienzo amplio inmenso, que son las actividades agrícolas, costumbres, mezclas y sincretismo, que ha ocurrido a través de los siglos y que fueron estructurando lo que se conoce como Semana Santa y de que manera, han estado presentes las acciones del campo, el cultivo de la tierra y la producción de alimentos.

Y aunque suene paradójico, medio paranoico, contradictorio o ilusorio, quizás muchas de las cosas que están ocurriendo en el Medio Oriente, tiene parte de sus orígenes en las arenas de esos inhóspitos lugares y esperanza de los preceptos bíblicos, la tierra prometida y el individuo errante que espera el cumplimiento de la profecía bíblica.

Tampoco es el objetivo de realizar, no somos expertos, una radiografía histórica de esos primeros habitantes y como se fue dando la conjunción de numerosos factores, a través de los tiempos y las grandes y profundas transformaciones que han ocurrido en las sociedades antiguas y actuales para producir los enormes cataclismos y acontecer en procesos de aculturación, manteniendo en algunos casos las causas iniciales de esas costumbres y en otras situaciones, aproximaciones los momentos actuales de cierta modernidad, sin perder los rastros primigenios.

Aclarada esta posición—si es que se aclaró—intentaremos incursionar de manera muy rápida como una ráfaga histórica, en señalar que la agricultura que se practicaba en Palestina, Mesopotamia durante el primer milenio antes de nuestra era, en los textos encontrados reflejan una vida campesina muy parecida en su esencia, a la existente en la llanura mesopotámica en el tercer milenio A.C., es decir, en los lejanos tiempos del Imperio sumerio de Ur.

Existe mucho simbolismo durante estos periodos, como la acumulación de la etapa mas importante de la naturaleza y el mundo agrario. Los estudiosos de estos aspectos indican que Carnaval y Semana Santa vienen separados por 40 días, conceptualizando que el Carnaval es el periodo festivo de la siembra, que implica la esperanza.

Pero también aquello representa instantes de jolgorio, fiesta y algarabía. Cuaresma viene a ser periodo de germinación de semillas, espera o retraso de la lluvia deseada y entonces Semana Santa irrumpe en que el grano parecía muerto, pero que al fin resucita, con el domingo de Pascua. entrelazan la esencia de lo divino y lo material que son las cosas agrícolas. Y el jueves Santo ocurre la ultima cena y el lavatorio de los pies.

Además, en este multisincretismo, variados elementos en pueblos, comunidades, aldeas alejadas, extensivos a ciertas capitales de provincia y la misma ciudad, del “renacimiento primaveral” con las palmas, ramos y cruces, además de la señal de la cruz con ceniza en la frente de los creyentes y la liturgia de la eucaristía.

Igualmente, según analistas, la Semana Santa articula, una estructura dramática que es la muerte, sepultura y resurrección, puede interpretarse o le han dado ese significado sobre mito agrario del ciclo vegetativo: enterramiento y muerte de la semilla, luego la germinación, brote y el renacimiento. Muchos ritos agrícolas fueron asimilados por la Iglesia y viceversa, en una estrecha conjunción de prácticas ancestrales.

Por otro lado, luego de toda esta parafernalia histórica, poco organizada, porque amerita estudios más profundos, detallados, sistemáticos, acudir a fuentes documentales, arqueológicas, etnográficas, paleontológicas, con la finalidad de replantear y redescubrir mayor información sobre estos asuntos.

Incluso, porque no decirlo y señalarlo, todavía en algunos localidades del interior, existen mitos e impedimentos que nos inculcaron los abuelos, antepasados y que posiblemente queden como recuerdos de un ayer que se fue: treparse a los arbole el viernes santo y podían convertirse en monos, azotar a los árboles o pegarle en la corteza para que den frutos, tirarse de clavados en los ríos quedarían convertidos en pescados, prohibido trabajar los viernes santos, el árbol de granadillo en Río de Jesús, confeccionar dulces para estas fechas tales cocada, dulce pepita de marañón, gollería. Al fin y al cabo, mezcolanza de tantas cuestiones de la que hemos hablado.

En el plano eminentemente local, luego de la Semana Mayor, aunque sea otra temática de interés nacional, separado de argumentos religiosos, evaluar próximos eventos: situación del PIASI que no han desembolsado el préstamo para agricultura familiar y el Programa Panamá crece en Arroz, el pago adeudado a productores.

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