• 02/02/2021 00:00

Ricardo Arturo Ríos Torres, adiós a un gran promotor cultural

“Ricardo Arturo Ríos Torres fue un docente comprometido y gran promotor de la identidad panameña en aquello que es más importante y profundo”

Ricardo Arturo Ríos Torres fue un panameño excepcional, geógrafo e historiador, que tuvo grandes pasiones: la literatura, la enseñanza y su país. Todas, fueron devorantes y benéficas para él y para la sociedad. Su vida transcurrió guiada por motivaciones que lo llevaron a grandes logros personales que compartió con generosidad. Promover y enseñar fue su norte y su quehacer cotidiano durante más de medio siglo.

Promover la cultura como pocos fue lo que hizo otro panameño inmenso, Guillermo Andreve Icaza (1879-1940), que en otra circunstancia y con otros medios, casi un siglo antes, a principios del XX, se dedicó a una actividad semejante a la que realizaba Ricardo Arturo Ríos Torres como su tarea vital. Él se consagró durante décadas a impartir lecciones de literatura, en los colegios y universidades. A incentivar el interés por los escritores, por los poetas y los novelistas, por los historiadores, los sociólogos, los antropólogos y los geógrafos. Creó los Círculos de Lectura y asesoró a Udelas y a presidentes y ministros ilustrados. Se lanzó, con entusiasmo, a una diligencia que concitó, tanto en el aula como en la radio y el periodismo, el interés por la actividad y la producción literaria nacional y universal.

Ricardo Arturo Ríos Torres no solo fue el gran promotor de la cultura en Panamá desde hace más de medio siglo. Fue protagonista en primera línea de la siembra de banderas en la Zona del Canal en 1958, actividad pionera y precursora de las grandes gestas que culminaron en el 9 de enero de 1964, inicio de nuestra independencia nacional definitiva que se alcanzó gracias a los tratados Torrijos-Carter de 1977. Contribuyó, con toda una generación de jóvenes estudiantes y patriotas, a la recuperación de la jurisdicción panameña en la Zona del Canal efectuada el 1 de octubre de 1979 y a la devolución del Canal de Panamá el 31 de diciembre de 1999, logros principales de los tratados mencionados.

Ricardo Arturo Ríos Torres fue un docente comprometido y gran promotor de la identidad panameña en aquello que es más importante y profundo. Nos enseñaba que tuvimos un pasado, pero también un porvenir. Invitó a los panameños, en especial a su juventud, a inspirarse de los ideales y la actitud de las legiones de sus antecesores, gente más decente y digna, opuesta a la corrupción pública y la politiquería infame y destructiva que ha prosperado cada vez más. A superar el nihilismo corrosivo, la indiferencia generalizada, la apatía que mata más que las balas, la fácil complacencia con los poderosos.

Nos estimulaba para fabricarnos un futuro que nadie nos va a regalar. Un porvenir que existirá porque habremos defendido nuestros derechos civiles más preciados y alentado la protección del ambiente al tiempo que el mejor aprovechamiento de nuestros recursos naturales. Nos enseñaba que la educación de calidad es lo único que puede salvarnos de la ruina a la que nos encaminamos de otra forma, sin duda ni hesitación. Que la educación cívica, ciudadana, se apoya primero en una enseñanza del humanismo que les otorga vida a nuestras ilusiones, a nuestra existencia.

Sir Richard Brooks (su seudónimo literario) se revelaba nuevamente como un gran humanista que promocionaba, con una tenacidad sin fallas, nuestras virtudes, la educación basada en conceptos e ideales, el cultivo del recuerdo de nuestro pasado más heroico, el valor de la palabra, de la literatura, de la ficción que nos ayuda a ser mejores. Nos convidaba a vernos en el espejo que nos ofrece el creador de poemas hermosos y de novelas cautivantes, de ensayos inteligentes y documentados, fuentes de conocimientos necesarios.

“Panamá una nación de palabras” resume esa pasión de Ricardo Arturo Ríos Torres en sus obras y su culta columna semanal que publicaba en La Estrella de Panamá, adornada en los últimos tiempos de bellos ecos cervantinos. De palabras que fluyen como el Chagres, nuestro Nilo tropical y centroamericano. Apreciar esas palabras en nuestra literatura que forma parte de la universal, nos enseñó el autor de, entre otros, la Épica de la Soberanía que es permanente, que no se puede terminar, que hay que cultivar sin descanso. Que una generación de jóvenes panameños debe recoger para militar con ardor, a pesar de las adversidades, así como lo hicieron las generaciones pasadas, por un país más fuerte y una sociedad más sana, más justa y mejor.

Doctor en Geografía, historiador y diplomático.
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