• 04/11/2026 00:00

Seguridad ciudadana: cuando todo termina siendo responsabilidad del alcalde

Hay una escena que se repite en prácticamente todos nuestros barrios. Se apaga una luminaria y la esquina queda a oscuras. Un parque comienza a ser ocupado para consumir drogas. Aparecen jóvenes que ya no estudian, no trabajan y pasan las noches en la calle. Aumentan los robos y los vecinos comienzan a sentir miedo. Y entonces aparece la pregunta inevitable:

¿Qué está haciendo el alcalde por nuestra seguridad?

La pregunta es legítima. Pero también revela una de las grandes confusiones de nuestro modelo institucional: al alcalde se le exige responder por problemas cuya solución, en buena medida, no está bajo su autoridad.

En Panamá, la seguridad pública, el control policial, la persecución del delito, el sistema penitenciario y el control de armas corresponden fundamentalmente al Gobierno Nacional y a las instituciones de seguridad y justicia. El alcalde no dirige la Policía Nacional, no decide quién es detenido, no investiga delitos ni desmantela organizaciones criminales. Entonces, ¿qué puede hacer? Mucho. Pero no puede hacerlo todo. El alcalde no es policía; esta distinción parece obvia, pero en la práctica se olvida.

Cuando un ciudadano reclama por una calle insegura, muchas veces no está pensando en competencias legales. Está pensando en su hijo que debe caminar por ella de noche. Cuando reclama por un parque tomado por delincuentes, no está preguntando quién tiene constitucionalmente la competencia: quiere recuperar el lugar donde antes jugaban sus hijos. Y ahí sí existe una responsabilidad municipal. La seguridad también se construye desde el territorio.

Una calle iluminada, un parque limpio y ocupado por familias, una cancha deportiva funcionando, actividades culturales, oportunidades para jóvenes y espacios públicos recuperados no sustituyen a la Policía. Pero tampoco son asuntos menores.

Una ciudad abandonada genera condiciones para que el delito encuentre terreno fértil. Por eso, el municipio debe entender la prevención como una política pública y no simplemente como una tarea de ornato. No se trata únicamente de cambiar luminarias. Se trata de preguntarnos por qué hay barrios donde los jóvenes no tienen una sola alternativa después de las seis de la tarde.

No basta con recuperar un parque. Hay que conseguir que vuelva a ser utilizado por la comunidad. No basta con hablar de prevención de drogas. Hay que preguntarse qué hacemos con el adolescente que abandonó la escuela, no consigue empleo y encuentra en una pandilla la primera estructura que le ofrece pertenencia.

Ahí comienza la verdadera seguridad ciudadana. Pero tampoco podemos pedir milagros. El problema aparece cuando pretendemos que las alcaldías hagan prevención sin presupuesto, sin personal especializado y sin infraestructura.

Entonces ocurre lo de siempre: el alcalde recibe la queja, llama a la Policía, hace una nota, solicita una reunión y espera. Y mientras tanto, el problema sigue creciendo.

La descentralización no puede consistir en trasladar la presión social del delito hacia los municipios. Si queremos que los gobiernos locales participen seriamente en prevención, debemos darles recursos, herramientas y capacidad técnica. Porque tampoco podemos pedirle al alcalde que construya oportunidades para cien jóvenes con el presupuesto de una actividad comunitaria.

La seguridad no se construye solamente con patrullas. Pero tampoco se construye solamente con parques. Se construye cuando cada institución hace lo que le corresponde y tiene las herramientas para hacerlo.

El Gobierno Nacional debe garantizar seguridad, investigación, justicia y persecución del delito. Los municipios deben trabajar en prevención, recuperación del espacio público y fortalecimiento de la comunidad. Y ambos deben sentarse en la misma mesa. Porque cuando todo termina siendo responsabilidad del alcalde, ocurre algo perverso: el ciudadano termina decepcionado del funcionario que sí ve, mientras las instituciones que tienen las competencias permanecen lejos de su mirada.

Eso no es descentralización. Es simplemente pasarle la pelota al que está más cerca del ciudadano. Y una sociedad segura no se construye pasando pelotas. Se construye asumiendo responsabilidades.

Si la meta no te asusta, estas soñando muy pequeño.

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