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- 13/09/2012 02:00
La integridad organizacional y social
El futuro de las organizaciones está íntimamente ligado a la integridad de quienes las conducen. La palabra integridad viene del latín ‘integritas’, o sea, ‘cualidad de íntegro’, persona recta, proba, intachable (Diccionario de la Real Academia Española).
La integridad o la falta de ella, es rápidamente reconocida por los integrantes de toda organización. Esto ocurre porque dentro de una empresa, institución estatal y/o entidad sin fines de lucro, es de conocimiento de las personas que las conforman.
En las organizaciones se maneja información relacionada no sólo con el trabajo per se, sino con la vida cotidiana y social de sus integrantes. Por más que traten de tapar algunas verdades y hechos, sus miembros constatan si la misma cuenta o no con valores y principios que la distinguen. Es una realidad que los que no están de acuerdo con determinada forma de trabajar o de actuar, terminan abandonando la organización, otro resto se adapta a dichas conductas, y otras, comparten el manejo inadecuado o sin principios que la misma ejecuta.
Pero les aseguro, que la mayoría de las personas prefiere pertenecer a una organización donde se enfatiza y practica la integridad, esto es, obrar con rectitud y apego a los principios, así como desempeñarse con bondad, honradez y confianza.
Confucio decía que merecía ser calificado como ‘hombre superior’, ‘Aquel que primero pone en práctica sus ideas y después predica a los demás lo que ya realiza’. Esto es, predicar con el ejemplo.
¿Pero, entienden todas las personas el mismo concepto de ‘principios’? Definitivamente que no, ya que de ser así, tendríamos una sociedad distinta, un poco más rígida y sin excepciones. Para cada persona la palabra ‘principios’ depende de su formación integral tanto en el hogar con en sociedad, que le permita discernir lo bueno de lo malo de una forma reflexiva, crítica y comprometida. Una persona íntegra responde siempre a los valores adquiridos, a convicciones profundas, encaminadas hacia el bien común y el fortalecimiento de la familia y la sociedad donde participa.
Se dice continuamente que en la sociedad se están perdiendo los valores, lo cual conlleva ineludiblemente a la pérdida de confianza, y desafía la integridad en los negocios, la familia, el Estado y la sociedad en general.
La integridad es de carácter total; no podemos ser íntegros en unas cosas, y en otras no, pues dicho valor no admite puntos intermedios. Las personas íntegras son confiables, delegables, irradian y comparten conocimientos y sabiduría, así como facilitadoras de un diálogo abierto y sincero. Por tanto, debemos ser congruentes en nuestras actuaciones, responsables y formadores de empresas e instituciones más transparentes, honestas y productivas, que ofrezcan confianza permanente a todos nuestros colaboradores, amigos y familiares.
Debemos mantenernos siempre alertas, frente a posibles propuestas sociales, empresariales, laborales o familiares, que nos tienten a hacer lo incorrecto y nos aparten de los principios básicos que se enmarcan dentro de la integridad, y que impidan el cumplimiento de nuestras obligaciones.
Comparto con ustedes lo que Rotary Internacional, organización mundial de líderes de negocios y profesionales, establece como estándar de conducta en los negocios, al pedirle a sus miembros formularse las siguientes preguntas al momento de tomar una decisión acerca de las cosas que piensan, dicen o hacen: ‘¿Es la VERDAD?; ¿es EQUITATIVO para todos los interesados?; ¿creará BUENA VOLUNTAD y MEJORES AMISTADES?; y, ¿será BENEFICIOSO para todos los interesados?’.
En conclusión, no hay sustituto para la confianza, y hay poca esperanza de que haya confianza si no hay integridad.
ABOGADA Y ROTARIA.
—APORTE DE LA COMISIÓN DE VALORES DEL CLUB ROTARIO DE PANAMÁ.