• 28/09/2018 02:03

¿Qué son las universidades?

El desarrollo del factor humano mediante la educación superior, con el más alto nivel y calidad, es decisivo en una sociedad que aspire a la modernidad y la justicia social.

Encuentra más de nuestra cobertura en los resultados de búsqueda.

Agrega La Estrella en Google ↗️

La educación superior universitaria es uno de los derechos fundamentales de las personas en una sociedad democrática. También es un deber del Estado asegurar el financiamiento indispensable para garantizar la equidad y calidad en la formación de ciudadanos y profesionales competentes.

A escasos meses de un cambio de Gobierno, es importante tener claridad acerca de cómo son percibidas las universidades por dirigentes políticos y el papel que ellas están llamadas a jugar en el desarrollo de la cultura, el progreso económico y la justicia social. Para algunos Gobiernos, se trata de instituciones que demandan recursos financieros que bien pueden ser utilizados para construir más carreteras, casas o puentes; es decir, más cemento, en un término relativamente corto, y así visibilizar la gestión, el partido político y su buen nombre como mandatario. Para otros, debe ser la fábrica de la mano de obra profesional que demandan las empresas, para producir los bienes y servicios, que se requieren para hacer avanzar la economía. También existen quienes consideran que a las universidades solo deben asistir los más capaces, aquellos que tienen altas calificaciones y un cociente intelectual alto o muy alto (CI).

La primera creencia carece de sustento en cualquier época histórica, especialmente en el momento en el que vivimos, donde la formación, el conocimiento y la tecnología son baluartes de una sociedad próspera y decente. El avance de los países no se mide solo por la extensión de las carreteras o de metros cuadrado construidos. Se valora, sobre todo, el tamaño y fortaleza de la educación que se ofrece a su población, donde las universidades representan instituciones insustituibles. El desarrollo del factor humano mediante la educación superior, con el más alto nivel y calidad, es decisivo en una sociedad que aspire a la modernidad y la justicia social.

La segunda creencia es que las universidades deben actuar como máquinas productoras de títulos técnicos y profesionales. Aquí se vuelven a equivocar, porque de lo que se trata es de formar ciudadanos integrales en primer lugar y luego profesionales competentes, con los conocimientos, habilidades y actitudes que les permitan vivir y trabajar en el siglo XXI. El aporte de estos profesionales para transformar su entorno, elevando su capacidad de pensar y valorar analíticamente su realidad, es una misión inherente a las universidades.

La segregación de la admisión a las universidades seleccionando siempre a las personas más capaces y los de mejor índice escolar, excluye a quienes por razones genéticas, étnicas, sociales, políticas, económicas y geográficas, se han visto históricamente marginados de las oportunidades para asistir y aprender en la universidad. En el marco de este supuesto, ¿cómo pueden hacer las personas con discapacidad, las que tienen necesidades educativas especiales, los jóvenes y mujeres pobres y en pobreza extrema, las poblaciones indígenas que se comunican utilizando otras lenguas, los jóvenes en riesgo social, los adultos mayores y las mujeres, para tener acceso a las universidades, mantenerse aprendiendo en ellas y finalizar con éxito su formación?

En la nueva sociedad que vivimos la universidad está llamada a convertirse en un factor central y en un potente motor para el progreso económico y social y, a su vez, un medio relevante para aprender a lo largo de la vida. De allí su carácter multidimensional en la formación de profesionales y técnicos en los diversos niveles de la institución, considerando las estrategias pedagógicas, el modelo curricular y la atención a la diversidad (pregrado, grado, posgrados, doctorados y posdoctorados); en la investigación científica (creación, difusión y aplicación de los conocimientos nuevos; en la extensión y responsabilidad social universitaria (desarrollo comunitario, educación continua, seminarios, cursos y diplomados; foros sobre temas de interés nacional); en los servicios técnicos especializados (clínicas de salud y educación, servicios de diagnósticos y terapias, las asesorías y capacitaciones); en la innovación (como eje transversal en la docencia, la investigación, el desarrollo comunitario, la gestión); en la gestión y en la gobernanza.

El modelo de la Universidad Especializada de las Américas (Udelas) es inclusivo, democrático, teórico-práctico, humanístico, vinculado a las comunidades de base, transparente, investigativo y eficiente. Su carácter especializado impone la necesidad de ofrecer siempre únicas y nuevas ofertas de carreras y programas académicos, dentro de sus dos grandes campos del conocimiento. Primero: educación - educación social y desarrollo humano; educación especial y pedagogía. Segundo: salud - ciencias médicas y clínicas; biociencias y salud pública.

La Udelas, como institución universitaria, tiene un compromiso ético con las personas en vulnerabilidad; con el deporte, la cultura, las artes, la tecnología digital, la internacionalización, los idiomas (inglés, portugués, francés y mandarían), y con el emprendimiento.

Sus tendencias son atender la demanda a escala nacional (urbana, rural, urbano marginal, pueblos originarios), actualización continua de los saberes, adecuaciones a la diversidad funcional del estudiante, evaluación y acreditación institucional y de las ofertas académicas, relación con las instituciones gubernamentales, no gubernamentales y las organismos internacionales; flexibilidad en las estructuras y los procesos académicos, científicos y de gestión; aplicación de la virtualidad; renovación de las competencias laborales de los graduados, movilidad e intercambio de estudiantes y docentes de universidades extranjeras, fortalecimiento continuo de los aprendizajes de los estudiantes y el mejoramiento profesional permanente de sus profesores. La articulación con los otros niveles del sistema educativo, así como el acompañamiento y tutorías a estudiantes con debilidades académicas, de modo que nadie se quede atrás.

Por todo ello, en la agenda política de mayo de 2019, el tema de las universidades debe ocupar un lugar prioritario en los programas y la inversión en el momento de convertirse en Gobierno. Pues, sin una educación superior universitaria con equidad y calidad, será imposible llevar a la sociedad panameña a los niveles de primer mundo que muchos dirigentes y Gobiernos pregonan.

DOCENTE

Lo Nuevo