• 05/10/2010 02:00

El subsidio electoral

El subsidio electoral no podía correr otra suerte. Los partidos no han hecho el mejor uso del considerable recurso económico que ha pues...

El subsidio electoral no podía correr otra suerte. Los partidos no han hecho el mejor uso del considerable recurso económico que ha puesto el Estado a su servicio, para fines específicos. Hay casos en los que las altas sumas de dinero que los colectivos han percibido en tal sentido, han sido utilizadas para alimentar una burocracia interna y no para formación de cuadros, capacitación política y educación cívica.

A juzgar por la vigencia de la cultura del juegavivo, la politiquería y la falta de tolerancia que exhiben a diario algunos políticos del patio, no hemos avanzado, y los noticieros, comentarios radiales y fachada pública de los dirigentes, dan la impresión de una permanente campaña política, descalificando, juzgando y atizando una estéril confrontación, y poca contribución para una cultura política positiva y coherente, sin renunciar al derecho de disentir y de defender los intransferibles derechos y garantías individuales y colectivas.

Si de educar, a través del subsidio electoral, hubiese sido la tónica, nadie aplaudiría restar a los colectivos las millonarias sumas de dinero que han venido recibiendo en cada proceso electoral, pero como ello no ha sido así, lógico es pensar que la distracción de estos recursos constituye un factor determinante para que sean orientados a la satisfacción de requerimientos sociales más nobles.

En nuestro país, afectado por la galopante pobreza y la pobreza extrema, nos damos el lujo de pagar muy bien a los altos dignatarios de los poderes del Estado; a los directores de entidades autónomas y semiautónomas; y, como si fuera poco, a los representantes de corregimientos, que cobran, además, las dietas municipales. Gran parte de la burocracia estatal responde a clientelismo político, por lo que los partidos se nutren lo suficiente del Erario Público, como para exigir más recursos de los que les ofrece el poder en una partidocracia excluyente y egoísta con los sectores independientes que, en consecuencia, no están bajo la égida de un colectivo.

Hay colectivos que, inclusive, otrora han hecho uso de otros recursos del Estado para hacer proselitismo; han sido el trampolín para que ex mandatarios hayan hecho fortunas con ejercicios inmorales y muy bien señalados por la opinión pública, aunque impunes por la lánguida condición de la justicia. Que los beneficiarios de la burocracia y de los negociados de Estado, subsidien, hasta donde sea posible, a sus instrumentos de subsistencia y, en algunos casos, de enriquecimiento ilícito.

Por todo ello, estimo exagerado el subsidio electoral que se ha venido extendiendo a los partidos, que muy bien pueden desenvolverse sin pellizcar —con lascivia económica— un erario público al que exigen atención otros sectores de la sociedad, particularmente los jubilados y pensionados de la CSS.

*EDUCADOR.

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