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- 24/11/2020 00:00
Tardío y sin garras: un diálogo para el fracaso
Nuevamente el presidente Cortizo llama a un “gran” diálogo nacional que, contrario a las convocatorias anteriores, esperamos se concrete algo, aunque pequeño… sería un buen comienzo, aunque ya vamos para la mitad. Hasta título tiene, el del “Bicentenario”. Plantea que el “diálogo no será para estar filosofando”. En buen panameño, no se hablarán “pendejadas”. Dice que tratará sobre el futuro de la Caja de Seguro Social, la salud, la educación y la seguridad y otros temas… (¿?). ¿Hablarán del nuevo y difícil Panamá que emerge tras la pandemia?
Los gobernantes están en deuda con los gobernados. El deforme Estado panameño, como se encuentra ahora, no funciona; no es operativo. Es lento como un veterano elefante. Se ha politizado de “mala política”, si atendemos el hecho de que la buena política es: “El arte de hacer posible lo necesario”.
Su institucionalización ha sido descuidada por voraces intereses que radican en los partidos políticos (todos) y los diputados. No es solo ahora, viene de mucho tiempo atrás, cada vez peor. Se ha llegado a comentar que los nuevos gobernantes parecieran esforzarse en ser peor que los anteriores. Así se prometió con Martinelli, cuando en campaña, refiriéndose al Gobierno de Martín Torrijos (que dijo “Cero Corrupción”), decía “que entraron limpios y salen millonarios”. El eslogan se cambió después a “robó, pero hizo”. Pensamos que con Varela esa institucionalidad perdida con los diputados que se cambiaban de partido por dinero y prebendas se acabaría; resultó peor, “mucho muy peor”, como dirían los mexicanos. Ya no compraban diputados; los alquilaban. Con recursos del Estado (de la Asamblea), favorecían a candidatos de otros partidos para controlarlos, porque pensaban que serían menos agresivos con ellos. Después le dieron la espalda, hasta el punto de que el hermano de Varela dijo al secretario general del PRD lo mal agradecido que era, porque, tras haberlo ayudado a ganar sus internas poniendo en planilla a sus candidatos a delegados, ahora lo traicionaban.
La forma como se manejaron la justicia y las investigaciones en ese periodo es motivo de vergüenza para el país, por la tóxica sumisión de la procuradora al mandatario.
Hoy, por lo que perciben muchos, todo sigue igual, por no decir peor. Veamos algunos ejemplos: la Unidad de Análisis Financiero (UAF) sigue bajo control de la Presidencia, cuando debería ser un ente independiente y sin visos partidarios. Hay mucho lavado de dinero en el país y hay que ser duro en esas investigaciones; ¿alguien allí? La Fiscalía Electoral, en manos de un PRD, no garantiza su independencia en un país que cada vez son más comunes los delitos electorales, así como su impunidad, sobre todo de los que están en el Gobierno. Ya lo vimos con Peñaloza con Martinelli y, desde los tiempos de Endara, ha sido así, cuando allí se nombró a un abogado afín a uno de sus aliados, luego de haber acremente criticado al que estaba allí por su vinculación a los militares.
En puestos técnicos sigue la misma politiquería de siempre. Idaan, ASEP, Aseo, Tránsito, etc. No puede haber políticas a largo plazo porque ello atenta al “statu quo”. Siguen los mismos espacios políticos de siempre, inclusive en el gabinete. Poco importa la competencia para el cargo. El mismo Seguro Social es el perfecto ejemplo. En el pasado periodo, una diputada del PRD (Rosa Canto) llegó a decir que al PRD Varela le había dado el Seguro Social y la Contraloría.
Precisamente, la Contraloría, el ente que debe supervisar toda la operación estatal, está en manos de un PRD, algo tan parecido como cuando, durante Martinelli, estuvo en manos de una exsubalterna de sus supermercados y durante Varela de un frustrado aspirante presidencial. Los ejemplos podrían multiplicarse.
Creo en el diálogo y en las buenas intenciones del presidente Cortizo, pero llegando al fondo; que sea serio. Que estremezca el corroído árbol del Estado panameño. En un país presidencialista como el nuestro y ante la negativa de enfrentar las reformas de la Constitución que nuevamente se archivan, es al presidente de la República a quien corresponde exigir la profundización de ese diálogo, aunque pise callos a sus copartidarios, amigos, diputados y poderosos. Tiene que darse cuenta de que el país después de la pandemia es diferente; muy diferente.
Mientras esto no se haga, lamentablemente, seguiremos poniéndole curitas a los problemas, hasta que lleguemos a un estado comatoso, donde las heridas explotarán y los cambios se harán a la fuerza y sin los más indicados y mejor intencionados para hacerlos, tal como ocurrió en la hermana Venezuela.
Al presidente, le reitero mis dudas, pero sé que tiene la capacidad y las buenas intenciones para hacer que me coma mis palabras una a una; y, sin aderezo.