• 04/08/2015 02:00

Una tarea impostergable

Habría que finalmente preguntarnos si estas políticas de seguridad tienen realmente como prioridad cuidar a la ciudadanía

El alza de los actos criminales en el país no solo responde a la malicia de sus ejecutores, sino que además hay factores sociales que lo incitan y potencian. Si vemos lo que sucede en varios países de la región de Escandinavia notaremos un patrón común, las instituciones y el uso de los recursos del Estado favorecen en mayor medida a todas las capas de la sociedad, les dan beneficios laborales, de salud, excelentes infraestructuras, entre otras cosas.

La criminalidad está mucho más controlada allí, pues los factores que potencian la misma han sido reducidos significativamente, gracias a las políticas sociales implementadas por los Gobiernos de esta región. Contrario a lo que han hecho estos países, al momento de hacer frente al mismo problema, el Gobierno panameño y la ciudadanía parecen concluir que lo único que hace falta para reducir sistemáticamente la tasa de crímenes perpetrados es fortalecer los sistemas de vigilancia y de seguridad; es decir, darle más armas a la policía para hacer frente a los enemigos de la calle.

Pero, esta política ha sido aplicada sin éxito en Venezuela, cuya capital, Caracas, tiene uno de los índices más altos de homicidios en el mundo. Si eso fuera poco, su Gobierno ha llegado incluso a emplear a los militares para garantizar la seguridad de la ciudadanía, una acción sin resultados positivos. Por otro lado, tenemos a EE.UU. con el PIB más alto del mundo, por lo que tienen mucho dinero y recursos para fortalecer enormemente a los sistemas de vigilancia y seguridad, los cuales por defecto deberían ser los mejores del mundo. Al ser los más efectivos y eficientes, el crimen en este país del norte debería estar reducido a cenizas. Lo cierto es que el crimen sigue muy vivo allí, cuentan con ciudades como Detroit cuyos índices de criminalidad son bastante elevados; al final, sus vastos recursos de seguridad y vigilancia tampoco han conseguido frenar el crimen.

Con esta información y experimentos sociales realizados en diversas regiones del mundo, podríamos optar por aprender de ellos y tomar nota, no para emularlos o copiarlos, sino para empezar a entender que para acabar con este mal social hace falta algo más que aumentar las rondas de patrulla o las cámaras de vigilancia, por mencionar algunos. Si los que gobiernan no hacen caso de estos experimentos sociales, una de dos, o son ciegos a lo que ocurre en el exterior o simplemente no les interesa resolver el problema del crimen.

Habría que finalmente preguntarnos si estas políticas de seguridad tienen realmente como prioridad cuidar a la ciudadanía. La evidencia sugiere que no, invertir en la policía, hoy en día, es invertir en el brazo represor del Estado para combatir toda disidencia que esté en contra de los intereses del Ejecutivo (y del sistema que representan) y luego, como una especie de agregado secundario de menor importancia, ‘proteger y servir' a la sociedad civil. Si la prioridad no es la sociedad civil, si la protección del pueblo no es de primer orden para las instituciones permeadas por la corrupción, la pregunta obvia es, ¿en manos de quién —o quiénes— queda esta tarea impostergable?

PERIODISTA

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