• 26/12/2023 13:24

Terminal a peso

[...] a un costado de la Asamblea Nacional existe una especie de terminal de transporte “pirata”, que trabaja a ciencia y paciencia de las autoridades y sobre todo de los usuarios

El transporte urbano de la ciudad de Panamá es en esencia caótico, lo cual tiene implicaciones para la población que se sirve de este servicio al desplazarse a diferentes áreas. Si uno junta los componentes que se ofrecen, va a encontrar taxis (formales e informales), buses y busitos autorizados y no autorizados y el factor común a todos: los piratas, que son quienes verdaderamente dominan el espectro en el ámbito terrestre.

La metrópoli capitalina está situada en el centro de un territorio en el que confluyen las rutas obligadas. Las ciudades satélites y distritos cercanos son los lugares de destino de una inmensa cantidad de individuos que deben movilizarse en las mañanas hacia la urbe para trabajar y luego, en la tarde, regresar a sus hogares, después del lento tránsito por los tranques y embotellamientos de un sistema vial construido con poca lógica.

La estructura del esquema que ha surgido en los últimos cincuenta años, no ha sido cónsona con los cambios. Salvo el establecimiento del Metrobús, nada más ha ocurrido que sea consecuente con el crecimiento poblacional tanto en la periferia de la principal ciudad del país, como en los sitios poblados de las direcciones norte, este y oeste. Casi todo lo que existe allí es inconexo con las disposiciones y normativa vigente.

Precisamente, a un costado de la Asamblea Nacional existe una especie de terminal de transporte “pirata”, que trabaja a ciencia y paciencia de las autoridades y sobre todo de los usuarios. Un secreto a voces es la pertenencia de tales unidades para dar servicio a quienes se dirigen hacia el oeste de la ciudad de Panamá. De igual manera, todas las calles adyacentes, son sitios para ‘corretear’ vehículos, legales o no para alcanzar un punto objetivo.

Pero lo que más llama la atención es la inusual y particular tendencia que han adquirido los busitos que ofrecen el servicio y regresan a la ciudad de Panamá tanto en la ruta del este (Pacora, Chepo, Darién y poblados intermedios), como los que vienen del norte (Colón, Chilibre) y aquellos que iniciaron su marcha en el sinfín de sitios poblados entre La Chorrera y Arraiján, de recoger pasajeros como si fueran urbanos.

Casi todos ellos invaden las rutas del Metrobús y ofrecen el transporte por un precio que es dos veces el de la línea oficial. De sus puertas solo saltan los ‘secretarios’ que anuncian: “terminal a peso, va vacío”; entonces los usuarios corren a ocupar sus asientos y pagan lo que se les demanda. Al rato, aparece el bus oficial y los pocos fieles que quedan en la parada sacan su tarjeta de la que se descuenta la suma de veinticinco centavos, y entran al bus.

Asombra que la gente acepte pagar el doble, solo porque están apurados en llegar a la Terminal. Lo curioso es que si en alguna oportunidad, Metrobús subiera el pasaje a cincuenta centavos (un peso), habría tal conmoción que terminaría con los quejosos quemando los omnibuses del sistema público existente, que sería como un harakiri para la movilización posterior en las redes viales locales.

Habría que preguntarse si existe algún reglamento que autorice dichas ocurrencias tarifarias dentro de los perímetros citadinos. Preocupa porque dice el aforismo que la costumbre se hace ley y no se comprende cómo los buses que vienen de extramuros, pueden recoger pasajeros y movilizarse sin la mayor reacción de la entidad a la que le corresponde velar porque no existan tales desafueros.

¿Puede un vehículo que viene desde otros puntos cardinales entrar en la urbe, hacer competencia a la línea oficial y quitarle los pasajeros, particularmente con un sobreprecio? Ni la autoridad ni el público deben tolerar esta práctica desleal y se requiere que se hagan los esfuerzos por poner coto a tal villanía, una más en el transporte.

El autor es periodista.

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