• 21/08/2026 00:00

Transmisión eléctrica: conectando la energía renovable con el desarrollo económico

La transición energética en América Latina y el Caribe atraviesa un momento clave. Ampliar la generación renovable no será suficiente si la electricidad no llega desde las zonas con recursos hasta los centros de consumo. La expansión de la transmisión eléctrica implica decisiones tanto técnicas como de confiabilidad, asequibilidad, competitividad y desarrollo.

¿Por qué es importante la transmisión eléctrica en América Latina? La región cuenta con abundantes recursos hidroeléctricos, solares y eólicos, pero el potencial renovable y la demanda suelen estar geográficamente separados. El crecimiento de la demanda, la variabilidad climática y los eventos extremos ponen a prueba las redes eléctricas. Sin una transmisión eléctrica oportuna, se retrasan las conexiones de nuevos proyectos, se limita la generación renovable y aumentan las restricciones operativas.

El Banco Interamericano de Desarrollo describe la transmisión eléctrica como la columna vertebral de sistemas confiables y competitivos. Las redes e interconexiones eléctricas robustas pueden contribuir a la diversificación del suministro, a la gestión del riesgo hidrológico y a respaldar las actividades productivas (Alarcón y Quirós-Tortós, 2025).

Los beneficios empiezan en el sistema eléctrico. Una red eléctrica con mayor capacidad y flexibilidad facilita el acceso a energías renovables de menor costo, reduce restricciones, pérdidas, interrupciones y costos de balance del sistema, apoya la diversificación de los recursos energéticos, disminuye la dependencia de una sola fuente o de una sola condición climática. Estos beneficios impactan en la economía, pero no toda expansión aporta el mismo valor. Es esencial evaluar los beneficios de manera rigurosa, verificarlos en operación y, cuando corresponda, trasladarlos a las tarifas eléctricas (Gómez et al., 2026; Alarcón y Quirós-Tortós, 2025).

Los impactos económicos van más allá del sistema eléctrico. El análisis costo-beneficio y los modelos económicos permiten comparar alternativas al evaluar sus impactos. Un modelo de equilibrio general puede analizar los efectos de la expansión de la transmisión eléctrica en tres canales: la ejecución de la inversión, el financiamiento y los beneficios del sistema eléctrico, así como su interacción con otros sectores y mercados de la economía.

El primer canal abarca la construcción y los sectores de apoyo. La inversión puede aumentar la producción local, el empleo sectorial y los ingresos. Sin embargo, las importaciones pueden reducir el impacto doméstico, mientras que la escasez de mano de obra o de capital puede elevar los precios o desplazar otras actividades. El beneficio local depende de las adquisiciones, las capacidades laborales y las cadenas nacionales de suministro.

El segundo canal es el financiamiento. Los proyectos requieren una inversión inicial, que generalmente se recupera mediante cargos en las tarifas o en proyectos de generación. Los ingresos previsibles movilizan recursos, pero un mayor costo eléctrico puede afectar el gasto de los hogares y las empresas. La recuperación gradual, el financiamiento alternativo, las contrataciones competitivas y la protección de los usuarios vulnerables ayudan a mitigar esta presión.

El tercer canal son los beneficios del sistema. Si la expansión reduce los costos operativos y mejora la calidad del suministro, puede disminuir el costo efectivo de la electricidad, aumentar la productividad y facilitar nuevas inversiones, compensando la carga tarifaria.

Evaluar estos canales requiere datos, métodos y supuestos accesibles que permitan probar escenarios, identificar quién paga y quién se beneficia y reproducir los resultados. Los modelos eléctricos estiman los efectos técnicos y operativos, mientras que los modelos económicos muestran cómo dichos efectos inciden en precios, hogares y sectores. Integrarlos potencia la identificación de alternativas.

Próximos pasos

La expansión de la transmisión eléctrica exige considerar diversos factores. La planificación debe anticipar distintos escenarios, no solo responder a conexiones individuales. Invertir tarde puede retrasar proyectos y aumentar la congestión en las redes; invertir demasiado pronto puede dejar activos subutilizados. Escenarios transparentes ayudan a equilibrar estos riesgos y seleccionar inversiones robustas que conserven su valor en distintas condiciones.

La planificación debe comparar las nuevas líneas con alternativas como el almacenamiento, la digitalización y las tecnologías de optimización de la red (Green Grids Initiative, 2026; Gómez et al., 2026). Estas soluciones no reemplazan todas las líneas, pero mejoran el aprovechamiento de los activos. A su vez, mejorar la institucionalidad y la gobernanza apoyará la traducción de los planes en resultados. Las legislaciones claras, la capacidad técnica, la independencia regulatoria y la rendición de cuentas favorecen la inversión y premian la confiabilidad y la eficiencia (Green Grids Initiative, 2026; Alarcón y Quirós-Tortós, 2025).

Además, una planificación sólida solo genera beneficios si los proyectos se ejecutan a tiempo. Para cerrar la brecha entre planes y obras se deben fortalecer la preparación de proyectos, la coordinación de responsabilidades y plazos, dialogar tempranamente con las comunidades y anticipar las necesidades de personal y de las cadenas de suministro. Estas medidas pueden reducir los retrasos y los sobrecostos sin debilitar las salvaguardas sociales y ambientales (Alarcón y Quirós-Tortós, 2025).

En América Latina y el Caribe, ejecutar estas acciones fortalecerá los programas de transmisión y facilitará la identificación de proyectos de mayor valor económico. El objetivo no es solo ampliar la infraestructura, sino también seleccionar, financiar, implementar y gestionar los proyectos que aporten el mayor beneficio para la sociedad.

* Profesional del sector energético
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