• 08/09/2016 02:00

Encuentros para la tristeza

Si existe algo que a mí me provoca tristeza es encontrarme con cualquier amigo o amiga de la infancia, vueltos leña

Si existe algo que a mí me provoca tristeza es encontrarme con cualquier amigo o amiga de la infancia, vueltos leña. Hace un mes fui a un entierro en Betania de un amigo chiricano al que yo le llevaba cinco años de edad y a quien envidié por mujeriego y emprendedor, jamás me imagine que la iglesia de Santa Eduviges se fuese a llenar de tantos incapacitados a pocos años de cumplir sus sesenta años de vida, cuando las estadísticas indican que el ochenta por ciento de las personas con ese tiempo debería lucir alentado y muy activo.

Aquello parecía una reunión de los primeros sobrevivientes del holocausto judío. Las sillas de ruedas provocaron un tranque en la entrada especial de la capilla, los bastones y muletas cuando chocaban contra el piso producían un eco de mezquita, tal como si se llamara incesantemente a las puertas de la muerte, refrendándose la escena con el fuerte olor a mirto y quejumbrosos murmullos de dolamas.

El mayor suplicio sufrido en esa velada por mí fue mientras se acomodaban los visitantes después de saludarse entre sus conocidos que se daban unos abrazos de cariño casi eternos, como justificando la ausencia de centurias de no verse.

Hasta hace seis años, antes de partir a vivir en la montaña coclesana de cerro Marta, jamás me imaginé que estos encuentros tan nostálgicos iban a constituirse en parte de los activos de uno. En ese tiempo de mis últimos días de capitalino, le había sugerido a la que sabemos que no me señalara a ninguno de sus compañeros del Instituto Nacional de la muy gloriosa generación de 1964. Mis expresiones todas se adornaban con un: ‘¡No puede ser! ¿Cómo te atreves a decirme que esa ciruela pasa estuvo contigo en la escuela? '. Y ella contestaba sin soltar las pepitas de su rosario con el que la conocí hace 50 años: ‘Mírate el rabo, mírate tu rabo, no te burles... carajo, que todos vamos para allá '.

Bueno, es seguro que vamos para allá, pero todavía no me acostumbro y voy a meter dentro de mis oraciones, que DS me ilumine para ser un experto en temas como: La próstata perforada, la presión alta, la obesidad, la diabetes y de tantos peligros a los que estamos expuestos los seres humanos.

Lo cierto es que en mi actual vida de neocampesino después de viejo, sí noto que me corto con frecuencia con el machete, que tengo que dormir al mediodía y me regaña la que sabemos y hasta los que se imaginan con mucha frecuencia. El ‘cuídese mucho ' es el saludo que me dan siempre los jóvenes de estas cordilleras, porque casi todos los mayores te responden al ‘¿cómo está? ': ‘Aquí pues... aliviadito '.

DS quiera pues que tenga muchos encuentros y que la mayoría no sean de tristeza.

ESCRITOR COSTUMBRISTA

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