• 07/04/2026 00:00

Comer mal no es solo un hábito: es un problema de salud pública en Panamá

Cada vez que eliges qué comer, defines qué bacterias prosperan en tu cuerpo. Lo que eliges no solo te nutre: también alimenta a estos organismos invisibles, conocidos como bacterias, hongos y virus.

Invisibles a simple vista, estos microorganismos conviven con nosotros desde el nacimiento. El primer contacto ocurre a través del aire, la piel o la alimentación inicial, como la leche materna. Hay trillones en cada persona, que interactúan de forma constante para mantener un balance: algunos cumplen funciones esenciales, como ayudar a la digestión y protegernos frente a patógenos; otros, en cambio, pueden favorecer la inflamación y el desarrollo de enfermedades.

Esos microorganismos conforman la microbiota. Definida por la forma en que nos alimentamos y convivimos con nuestro entorno, influye directamente en el equilibrio interno.

Según el informe de análisis de situación y tendencias de salud 2024 de la Dirección Nacional de Planificación, el 71% de la población vive en áreas urbanas, donde predominan dietas ricas en azúcares y alimentos ultraprocesados, acompañadas de un estilo de vida sedentario. Se trata de dos hábitos que pueden causar enfermedades crónicas y hasta algunos tipos de cáncer. En Panamá, por ejemplo, los índices de obesidad alcanzan al 70% de adultos y la incidencia de diabetes es superior a la media mundial.

Lo que parece una decisión individual —\qué comer—\ tiene efectos acumulativos en la salud de la población. De modo que la forma en que el Estado orienta la alimentación también importa: ajustar la dieta panameña, incorporando más alimentos frescos sin perder su identidad, puede convertirse en una estrategia realista para mejorar la salud pública.

En este sentido, hay normas que intentan promover una alimentación balanceada y variada. El programa 'Almuerzo en las escuelas' del Ministerio de Educación intenta enseñar a más de 284 mil estudiantes a comer variado y sano, y ofrece almuerzos con carnes magras, legumbres, granos y verduras en al menos 2000 centros educativos. Pero a la par, la institución planea un gasto millonario en galletas “gnutricionales”h que ni son bajas en azúcar, ni tienen buen sabor y mucho menos son nutritivas. Y los quioscos dentro de los colegios tienen pocas opciones saludable, sin que nadie los regule.

El Ministerio de Salud (MINSA) define las pautas nutricionales en escuelas, hospitales y otras instituciones públicas. Sin embargo, sus guías se concentran en menores de 2 años y mujeres embarazadas. Dejan fuera a la población general y, además, se basan en recomendaciones internacionales que no consideran la realidad local. Por ejemplo, promueven el consumo de alimentos importados como manzanas, uvas, arándanos, que son beneficiosos para nuestra microbiota, pero incalcanzables por escasos y costosos.

Fortalecer la evidencia científica local es clave para adaptar las recomendaciones a la diversidad de contextos y necesidades del país. Para que las recomendaciones y las estrategias realmente impacten, es fundamental que las políticas públicas brinden apoyo financiero y sistemático al desarrollo de estudios científicos locales sobre la microbiota, su relación con las enfermedades crónicas y los problemas de malnutrición. Sin este respaldo, las guías nutricionales continuarán presentando limitaciones importantes, como no considerar el acceso y los productos que forman parte de la canasta básica familiar.

Desde la investigación en microbiología, esta relación ya está documentada. Diversos estudios han demostrado que la microbiota influye en el desarrollo de enfermedades metabólicas, inmunológicas e incluso mentales. Mientras más diverso sea tu plato, con vegetales, carnes y granos, será mayor la diversidad de bacterias en tu intestino y mejor el estado físico y mental. Si, por el contrario, consumes los mismos enlatados o la misma comida procesada lista para calentar de los supermercados, acompañados de bebidas azucaradas, habrá desbalance. Pero no solo influye lo que comes: lo que respiras y tocas también importa. Si nunca sales al parque o a algún lugar boscoso, si no tienes contacto con tu entorno, también estás reduciendo la microdiversidad tanto dentro como fuera del cuerpo.

Mantener una microbiota equilibrada es un factor clave que Panamá aún no aborda de forma integral ni como un tema de salud pública. Mientras eso ocurre, hay una decisión inmediata: cuidar lo que comes y el entorno en el que vives. Ahí también se juega tu bienestar.

* La autora es Microbióloga-Biotecnóloga, Investigadora en Salud del Instituto Conmemorativo Gorgas de Estudios de la Salud (ICGES). Produjo esta columna en el Programa de Escritura “Pensar Panamá/Narrar la Democracia” organizado por Concolón y la Embajada del Reino Unido en Panamá
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