• 07/11/2026 03:05

Un vapor llamado ‘Rímac’

Las flotas mercantes de Latinoamérica experimentaron un salto tecnológico al cambiar los motores de propulsión de los bajeles de carbón al petróleo. Las embarcaciones bajo bandera panameña habían empezado estas transformaciones unos diez años antes que los navíos latinoamericanos.

El Perú no fue ajeno a esta tendencia, así, en 1926, en los astilleros de la Cammel Laird and Company en Birckenhead (Inglaterra) se llevó a cabo la modificación del mercante “Rímac”, primer navío de la Compañía Peruana de Vapores en consumir petróleo. A finales de aquel año se hicieron las pruebas de navegación y, en agosto de 1927 viajó hacia Panamá atravesando el Canal en setiembre.

La revista semanal “Mundial”, para conmemorar su próximo arribo a El Callao, publicó una foto del “Rímac” en el momento que se encontraba en la esclusa de Gatún (nro.380, Año VIII, setiembre 1927).

En el viaje de ida a Europa, cuando el “Rímac” era todavía impulsado por carbón, fue fletado por la Sociedad Anónima Comercial Faustino Piaggio para transportar un derivado del petróleo hasta Panamá. Se trataba del kerosene que tenía sugestivos nombres comerciales según la variedad de la que se tratase.

Así, la gasolina/kerosene tipo “A” se denominaba “Luz Diamante”; la del tipo “B”, “Luz Relumbrante”; la “C”, “Luz Brillante”; y la “D” era el “Aguarrás Mineral”. Adicionalmente, la firma Piaggio añadió el llamado “Aceite Amarillo” especial para limpieza de maquinarias.

El vapor, que desplazaba 6982 toneladas de registro, llenó sus bodegas en la refinería de Zorritos, al norte del Perú, desde donde se dirigió al istmo deteniéndose brevemente en Guayaquil. Con las bodegas vacías cruzó el Atlántico, pero, al retorno, ya como barco con motores alimentados por petróleo llegó al Perú cargado de anilinas alemanas, colorantes y productos químicos industriales de Frankfurt.

El nombre original del “Rímac” fue “Rhakotis”, nació con calderas a carbón y pertenecía a la compañía naviera germana Kosmos Line desde 1907. Durante la Primera Guerra Mundial abasteció clandestinamente de carbón a la flota del almirante Von Spee que operaba en el área marítima cercana a las costas rioplatenses.

Dado que violó el acuerdo de neutralidad, huyó hacia El Callao donde fue confiscado por el Perú el 14 de junio de 1918 como una medida compensatoria por el hundimiento del “Lorton” por parte de un submarino alemán en 1917.

Terminada la deflagración mundial el buque fue tomado por los estadounidenses y rebautizado como “USS Eten” sirviendo en la zona del Canal y luego como transporte de tropas por los siguientes tres años hasta su entrega formal al Perú en 1922.

El “Rímac” tenía dos embarcaciones gemelas, la “Ucayali” y la “José Pardo” pero la crisis de 1929 que afectó a todo el Continente, impidió su reconversión al petróleo. Poco después el “Rímac” pasó a la Armada Nacional rebautizándosele como “Transporte Rímac”.

Para el investigador Batalla (2020) el momento más memorable que llevó a cabo este buque fue el viaje que realizó en 1946, después de concluida la Segunda Guerra Mundial, al puerto de Amberes (Bélgica) para rescatar a ciudadanos peruanos y a refugiados varados en la devastada Europa.

“Debido a que el buque era antiguo y viajaba muy pesado -con trescientas personas a bordo-, el trayecto fue lento y requirió de múltiples paradas técnicas para abastecerse de agua, combustible y alimentos frescos.

Estas paradas en puertos del Caribe y Estados Unidos eran los momentos más esperados de la vida a bordo: los pasajeros podían bajar a tierra firme, estirar las piernas, romper la monotonía y respirar aire que no fuera marino” (Batalla, 2020).

La travesía completa duró casi un año retornando a El Callao en setiembre de 1947 y el héroe de aquella epopeya humanitaria fue el capitán de fragata Luis Edgardo Llosa siendo felicitado personalmente por el presidente Bustamante y Rivero.

Cinco meses después, un segundo contingente, íntegramente constituido por refugiados extranjeros -626 inmigrantes eslavos- llegó en febrero 1948. A diferencia del viaje de 1946 que fue un esfuerzo financiero completamente peruano, este otro se logró con apoyo del entonces Comité Intergubernamental de Refugiados de las Naciones Unidas.

Al poco tiempo, en junio del mismo año llegó un tercer grupo de 426 inmigrantes compuesto por checos, húngaros, croatas y un grupo de mujeres italianas. Finalmente, en agosto, arribó un contingente de ciento once serbios, rumanos y rusos apoyados por la asociación de obras pontificias.

A cien años de su modificación tecnológica, recordar al “Rímac” es traer a la memoria el papel que jugó en el escenario de contracción económica y desempleo de 1929, al mantener abierta la ruta marítima comercial con Argentina, Uruguay y Brasil a través del Estrecho de Magallanes, y en el contexto humanitario de la postguerra. Terminó su ciclo de servicio de más de medio siglo en la “Miyachi Salvage KK” en 1959.

*El autor es secretario general de la cancillería peruana
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