El español no es únicamente un idioma compartido por más de 600 millones de personas: también es un territorio cultural, político y emocional en permanente...
- 25/01/2014 01:00
Los venezolanos
Los venezolanos vienen de una tierra rica no solo en petróleo, sino en la histórica heroicidad de sus antepasados en la liberación de América, en la alegría de su gente, en la belleza de sus mujeres, en el altruismo con que se han abierto a inmigrantes de otros lares. Hoy, nos llegan hermanos venezolanos, así como de otros lugares del continente, atraídos por nuestra momentánea estabilidad, auge económico, y necedades de trabajadores. No es primera vez que esto ocurre. Nuestra historia está marcada por épocas de auge y otras de tragedia. Nuestra posición geográfica nos trae ese destino. El camino de Cruces, el ferrocarril, el Canal, la ampliación. Y otras épocas de abandono, de colonialismo, de dictadura.
A los venezolanos les pasa igual, con dramas álgidos para su ‘bravo’ pueblo, que ha sabido luchar por su libertad y progreso; no solo de ellos, sino de otros pueblos a los que también liberaron. Guacaipuro, Miranda, Sucre y Bolívar son solo algunos nombres que, con razón, los llamamos los Libertadores. Por la década del 50, ellos tuvieron un éxodo masivo perseguidos por una de sus dictaduras, la de Pérez Jiménez.
La Universidad de Venezuela, en el exilio, se trasladó a Chile. Desde el rector, los profesores y estudiantes llegaron al sur en busca de sabiduría, democracia, comprensión y amistad. Los estudiantes chilenos de esos años los recibimos, los atendimos y les dimos la hospitalidad, que, como reza el himno, es: ‘El asilo contra la opresión’. En esas circunstancias conocí a muchos de ellos, pero solo menciono como constancia de los hechos a Gilberto Gómez y Jaime Lusinchi. Muchos años después, el uno fue diplomático, el otro presidente de la República.
Los derroteros de la vida tienen sus misterios, y nos tocó a muchos, que la dictadura militar de Pinochet (Chile 1974) nos enviara al exilio a Alemania. Sin documentos de Chile (país de sangre), ni de Panamá, y con pasaporte alemán, como huéspedes de ese perfecto país, nos trasladaron a Europa. Entonces fue Venezuela la que nos llamó y recibió, con la fraternidad y la responsabilidad propia de esas patéticas circunstancias. Nos dieron su bandera, su nación, su trabajo para sobrevivir. Y entonces aquellos estudiante exilados que recibimos en Chile veinte años antes, ahora nos devolvieron la mano y nos ofrecieron su tierra, porque las nuestras, los dictadores nos las habían quitado.
Fueron años muy crueles, humillantes y sufridos. Revalidas de títulos, concursos y todas esas dificultades que hay que vencer en el exilio. Sería escribir muchas novelas describir las vicisitudes que significan las epopeyas de los exilados. Escritores y poetas están escribiendo sobre esas emociones, intentado reflejar las vivencias de esas traumáticas físicas y psicosociales experiencias. Agregar lo grave y difícil que es para la familia, los hijos, los saltos culturales, enfrentarse a otras costumbre. Pero también la superación y la fuerza que van creando esos jóvenes adolescentes por sobrevivir en diferentes mundos. Los ADECOS y los MEP, partidos Acción Democrática y Movimiento Electoral del Pueblo, que gobernaban Venezuela, nos permitieron revalidas de títulos y posibilidades de vivir.
Hoy, están aquí los venezolanos. No importa por qué, ni en qué circunstancias; pero han venido a buscar reciprocidad, paz, cariño y compresión, que es lo que ellos también han regalado antes. Esa misma que nos dieron a los exilados panameños y de muchos países, en su tierra. Gentes perseguidas de todos los países de Sud América y Centro América, incluyendo a Chile y Panamá. Allí nos encontramos todos llorando, protestando, programando cómo alcanzar la libertad, redactando documentos, enviando periódicos clandestinos, sobreponiéndose a las detenciones y encarcelamientos con que nos persiguieron por todo el continente. La Operación Cóndor y muchas más con que los militares, desde la Escuela de las Américas en Fort Gullick en Panamá, cubrían el continente.
Algunos, en forma elemental, piensan que los inmigrantes son unos competidores. Pero es gente que viene a trabajar, a colaborar a la grandeza de este país. A dejar aquí sus esfuerzos y viene buscando un país para vivir y amarlo. Lo mismo que ellos nos dieron a nosotros, los exilados que llegamos a Venezuela. Allá quedaron los huesos de varios exilados que no alcanzaron a regresar: Humberto Harris, Cesar Duboys. Ellos llegan aquí, porque están cerca, porque somos muy parecidos, con nuestras mismas virtudes y defectos.
Así como en los tiempos hemos recibidos a orientales, africanos, musulmanes, etc., etc. Démosle un abrazo a los hermanos venezolanos. Que nos digan de sus experiencias. Que nos ayuden a no cometer errores. Que nos refuercen para luchar por la libertad, la dignidad y el amor al prójimo. No importa mucho ‘por qué’ están aquí. Hagámoslos sentir ‘para qué’ están aquí. Para ayudarnos a construir un Panamá Mejor.
MÉDICO Y EX MINISTRO DE ESTADO.
—LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN DEBEN SERVIR PRIORITARIAMENTE PARA EDUCAR EN TODAS LAS ÁREAS, NO SOLO PARA VENDER Y DIVERTIR.
—EN MEMORIA DE LAS VÍCTIMAS DE LAS DICTADURAS.