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- 01/07/2013 02:00
Verdades incómodas
Fue Al Gore, ex vicepresidente de los EE. UU., quien subrayando los problemas climatológicos, popularizó la expresión ‘verdades incómodas’. Opino que es una expresión atinada e indicativa, no solo en relación a lo climatológico, pues describe la tendencia del ser humano de evadir aquellas realidades negativas que nuestra conciencia, propulsada por principios morales y capacidad intelectual, descubre; empero, negamos su existencia. Tememos que aceptando dicha ‘verdad’ nos obligaría moralmente a seguir los obvios dictados de nuestra consciencia.
Sostengo que esta actitud de conocer y no actuar es, generalmente, el producto de nuestra carencia de convicción, cobardía, o deseos de proteger intereses creados, ya sean políticos, materiales o emocionales. Cualquiera que sea la razón, lo innegable es que por estar sicológicamente o moralmente incómodos, no actuamos en concierto con nuestra conciencia.
Sostengo además que este comportamiento es una de las causas que más ha impedido la creación de una sociedad justa y democrática donde reina la democracia, la civilidad, la justicia y el respeto al ser humano.
A mi juicio, el comportamiento que he descrito explica la continuada existencia de un sinnúmero de malestares sociales y humanos que históricamente han agobiado a nuestra nación impidiendo la implementación de la clase de sociedad que alegamos desear. Para sustentar mi opinión ofrezco algunos ejemplos al rojo vivo en Panamá: La corrupción medularmente vigente en todos los niveles del país, el juegavivo, el racismo sistémico, el trato despreciativo de nuestras mujeres, la homofobia, la concentración del poder en las manos de una oligarquía criolla, la existencia de una clase perennemente pobre con poca oportunidad de escapar de dicha prisión, la palpable intolerancia civil e irrespeto en nuestras calles y lugares públicos. Incluyo en esta lista la ruptura visible y tangible de los lazos entre padre e hijos (as), adultos y juventud, que históricamente ha sido la brújula moral de nuestra nación.
Cierto es que habrá muchos quienes discreparán sugiriendo que exagero. No creo. Solo tenemos que mirar con ojos honestos y objetivos —una tarea difícil pero necesaria- para descubrirlas. Lo que he subrayado son verdades que nos incomodan y por ende la necesidad de negar su existencia. Como nación las hemos ignorado o menospreciado.
Opino que no hay otra manera de explicar la razón por la cual, en la actual contienda política, ausenta conversación o pronunciamientos indicativos de la ruta que hemos de tomar para lograr la transformación económica, cultural y social de nuestra patria. Lo que emana de la boca de los pretendientes políticos, mayormente, es demagogia y vanagloria. Ausente en sus arengas, frases como ‘Con los pobres de la tierra quiero yo mi suerte echar’.
El Dr. Martin L. King comprendió y aceptó el concepto que aquellos quienes poseyendo ‘poder y riqueza’ sin el entendimiento que aliviar el sufrimiento de los marginados está dentro de sus propios intereses, a la larga serían víctimas de su codicia y avaricia.
Lo trágico es que nuestro pueblo ha sido mal educado políticamente y creemos que es menester aceptar sin cuestionar leyes inmorales promulgadas por aquellos en ‘autoridad’. No hemos interiorizado la diferencia entre ‘autoridad formal’ y ‘autoridad moral’. El Dr. King y Mahatma Gandhi enseñaron que tenemos la responsabilidad de oponernos a las leyes que van en contra de la justicia del universo. Opino que en el Panamá de hoy, son pocos quienes negarían el carácter ‘inmoral’ de nuestra ‘autoridad formal’.
Fue el presidente José A. Remón Cantera quien clamó ‘!Ni millones ni limosnas, queremos justicia!’. Aristóteles mantuvo que ‘Es en la justicia donde el ordenamiento de la sociedad se centraliza’.
Si en realidad deseamos una sociedad justa, no podemos mantenernos políticamente paralizados por la incomodidad que nos causan aquellas verdades que conocemos.
ESCRITOR Y DOCENTE UNIVERSITARIO.