• 23/02/2011 01:00

Otra vez la misma historia

P ronto se inicia el nuevo año lectivo. Los medios de comunicación reportan los mismos resabios de todos los años: las mismas nubes negr...

P ronto se inicia el nuevo año lectivo. Los medios de comunicación reportan los mismos resabios de todos los años: las mismas nubes negras, los mismos augurios sombríos, las mismas amenazas. Nos vaticinan un tiempo poco propicio para beneficio de la juventud estudiosa, que tanto lo necesita. La fresca energía que —con el optimismo de sus primeros días— mostraron las autoridades educativas a inicios del pasado año lectivo, se ha tornado en quejas y casi desaliento ante la dificultad en poder lograr consensos que permitan enrumbar el sistema educativo por el cauce establecido por el gobierno. Veamos el panorama.

No acaba la pesadilla de problemas de infraestructura. Planteles educativos carentes de facilidades —empeorados por el vandalismo de que muchos son víctimas— que, aunque exista un programa de mejoras continuas durante el año, constituyen un serio obstáculo al proceso de enseñanza—aprendizaje. Por su lado, los docentes —o un grupo de ellos— amenazan con paros; exigen la destitución de la ministra del ramo, disconformes con ciertos procesos de selección de directores y supervisores, o con el monto de su remuneración, o con la nueva división del año escolar en trimestres, o con la transformación curricular, o con la reducción de la cantidad de bachilleratos. También queda pendiente la inclusión de la capacitación sexual en el currículo y la discusión sobre los beneficios o peligros que ella implica.

Por su lado, la presencia de jóvenes en los centros escolares, unida a su natural fogosidad, podría aupar confrontaciones callejeras que se sumarían a las tensiones sociales ya causadas por eventos como la aprobación del Código Minero, los trágicos acontecimientos en el Centro de Cumplimento, la crisis del agua, el costo de la vida, etcétera, causando más tranques en la capital.

A diferencia de años anteriores, esta administración ha brindado ciertos apoyos materiales a los educandos más necesitados y sus familias. La beca universal de veinte balboas, los libros que se entregarán en forma gratuita en el primer y segundo nivel de enseñanza, y las mochilas que se distribuirán sin costo, serán una ayuda efectiva. Además, el acceso generalizado al Internet permitirá, al menos, familiarizar al estudiantado con la utilización de esa tecnología que ya es una necesidad básica para toda clase de actividades modernas.

Pero al final del día persisten —y persistirán— las fallas y carencias de nuestro sistema educativo, en tanto no logremos dar el salto cualitativo que Panamá necesita en el siglo XXI. La pobre calidad del sistema se refleja en el porcentaje de deserción escolar, en la cantidad de estudiantes que necesitan rehabilitar por no alcanzar los niveles mínimos de aprendizaje, y en la cantidad de aspirantes que son incapaces de aprobar las pruebas básicas de admisión cada año a la Universidad de Panamá. La lamentable consecuencia se refleja en un reciente informe que señala que a muchas empresas se les dificulta encontrar aquí gerentes, técnicos, contadores y financistas suficientemente preparados, y deben importarlos del exterior. La industria hotelera y del turismo en general se debate en un canibalismo feroz ante la ausencia de personal calificado para atender las demandas del turista durante su estadía entre nosotros.

Todos los sectores de la vida nacional reconocen que la educación es el factor fundamental para lograr el progreso sostenido de nuestra nación. Todos concuerdan en la necesidad de modernizar el sistema educativo: desde ejecutivos, industriales, comerciantes y profesionales del sector privado hasta las autoridades del sector público, todos admiten que el nuestro no funciona, porque no responde a las demandas del presente siglo.

Aparte de edificios escolares en buen estado, de becas, libros y mochilas, necesitamos forjar un haz de voluntades que involucre también a docentes y padres de familia. El objetivo nacional debería ser un sistema educativo que ofrezca al joven la capacitación técnica necesaria, pero igualmente importante sería enseñarle el valor de las buenas relaciones con el mundo que lo rodea para que desarrolle un espíritu permanente de colaboración con los demás y una actitud de tolerancia y respeto por las opiniones ajenas.

*EX DIPUTADA DE LA REPÚBLICA.

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