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Nadie crece en un vacío. Desde que nacimos adaptamos una lengua y cultura, posición social, tensiones, clima, además de, trágicamente, los traumas del pasado ya sean familiares, religiosos, políticos o sociales. Estos traumas se enseñan con el práctico propósito de tratar de prevenir que las nuevas generaciones comentan los errores del pasado como bajar la guardia o confiar ciegamente.
El problema es que esta herencia cultural puede influir negativamente en las futuras generaciones, como el odio por un grupo de personas, como el antisemitismo. Para mí, una de las grandes interrogantes de la historia reciente es ¿por qué los nazis se esforzaron tanto por aniquilar a los judíos? ¿qué amenaza ellos representaban? Más recientemente: ¿por qué los iraníes invierten tanto en continuar ese odio? ¿qué conexión existe entre estas muy diferentes sociedades? Estas preguntas son acompañadas por otras desde el lado opuesto: ¿cómo la ayuda llegó tan tarde? ¿cómo los judíos no supieron defenderse?
El trauma, personal o social, existe para motivarnos a actuar, para contrarrestar peligrosos valores humanos como la vanidad: “soy fuerte, no se meterán conmigo” o el optimismo fantasioso “soy bueno, todo saldrá bien” o el religioso “dios no permitirá que nada malo me pase”. Hay que ser muy ingenuo para considerar que estas presunciones no son peligrosas pues la naturaleza humana, aun en esta era del internet y IA, es emocional, culturalmente cargada y aún peor, vanidosa.
En 1942, los Estados Unidos creyeron presuntuosamente que lo japoneses no los atacarían, a pesar de las claras señales. En 2014 Rusia invadió a la península ucraniana de Crimea. Al no ser contrapuesta, Putin decidió 8 años después invadir al resto del país. Hoy sabemos que Ucrania erró en los noventa al deshacerse de sus armas nucleares.
Entiendo la crítica ante la guerra: nadie la quiere. Aun así, debemos de entender el alto costo de la inacción, del ciego optimismo. En los cuarenta, muchos no creían el holocausto estaba pasando, a pesar de la evidencia. Israel no creyó que en octubre del 2023 Hamas la atacaría, a pesar de las claras señales. Es un grave error no actuar ante una clara y declarada amenaza, más si se tiene la oportunidad para hacerlo. Imagínese a su vecino gritándole diariamente que le va a quemar su casa. Aun cuando su lógica le diga que no lo hará pues tal incendio lo perjudicaría a él también, sería usted un tonto al no actuar ante su amenaza.
Los judíos, perseguidos por generaciones antes del holocausto, no se pueden dar el lujo de vivir bajo una constante amenaza. Así invierten gran parte de sus limitados recursos para protegerse mejor, para evitar otro holocausto. Tampoco existe en el resto del mundo una actitud protectora, portándose indiferentes en el mejor de los casos. Gran ejemplo de este extremo prejuicio existe en las Naciones Unidas. En vez de motivar la confianza y la prosperidad entre naciones, esta institución se comporta más como un exclusivo club de ejecutivos capitalistas, muchos de ellos petroleros, considerando como Europa en los cuarenta: “la protección de los judíos no es mi problema”.
Hoy, los Estados Unidos, con todos sus conflictos internos, es la única potencia mundial que entiende la interconectividad mundial, no solo en política, sino en seguridad, salud y energía. Esta nación no atacó a Irán solo para proteger a Israel, sino para proteger a todo el Medio Oriente, incluyendo a la indefensa población civil iraní, cruelmente manipulada y masacrada al protestar la inmoralidad y corrupción de su propio gobierno extremista.
Los Estados Unidos e Israel no solo están tratando valientemente de prevenir otro holocausto judío, sino uno nuclear, mundial. Si hay algo positivo que el internet y las redes sociales han traído a la humanidad es que aun las poblaciones más marginadas puedan aprender que es posible vivir libremente, con más oportunidad y felicidad. Las mujeres, por ejemplo, no deben ser tratadas como propiedad o como ciudadanos inferiores, como sucede en Irán.
No entiendo como las demás potencial occidentales, liberales, no se unen a este esfuerzo por erradicar a esta tiranía. Pronto se arrepentirán de no haberlo hacerlo tal como ha pasado antes. Estos países que consideran hoy “este no es mi problema” serán afectados de una forma u otra tal como descartaron las ambiciones imperialistas de los Nazis después de invadir a Polonia. Ignorar a estas tiranías es un riesgo para todo el mundo, pues un arma nuclear en las manos equivocadas terminaría con el mundo civilizado realizando la famosa profecía de Einstein: “No sé con qué armas se peleará la tercera guerra mundial, pero la cuarta será con palos y piedras”.