La diputada obtuvo el respaldo mayoritario del pleno y dirigirá el Órgano Legislativo en un año marcado por reformas, consensos y desafíos institucionales...
Encuentra más de nuestra cobertura en los resultados de búsqueda.
Agrega La Estrella en Google ↗️El ensayo de Juan Materno Vásquez, Victoriano Lorenzo. Héroe de la revolución libertaria (1973), no constituye un simple recuento biográfico, sino una reflexión política que desmantela los relatos convencionales de la historiografía panameña. En el septuagésimo aniversario del fusilamiento de Victoriano, se propone una interpretación que trasciende la mera cronología para interrogar la condición del actor político en el inicio del siglo XX. El pensamiento materniano postula una tesis disruptiva: Victoriano Lorenzo no solo es un personaje histórico, sino un concepto político en sí mismo de plena actualidad. Su figura permite comprender las fracturas fundacionales de la identidad nacional y resalta la tensión entre las élites civilistas y las masas subalternas.
En un breve tributo, articulado en cuatro ejes, Materno Vásquez estructura así su pensamiento político: la problematización del individuo como categoría conceptual, la relectura de la Guerra de los Mil Días, el estado crítico de la historiografía nacional y la legitimación jurídica del héroe, cristalizada en el Decreto de Gabinete No. 130 de 1971. En este análisis, y siguiendo a Rubén Darío Carles, se disecciona la orfandad política que define al sujeto histórico panameño. Esta situación social lacerada es el punto de partida para una reconfiguración de la Guerra de los Mil Días (1899-1902), ya no como una escaramuza liberal-conservadora, sino como el escenario donde se dirimen las identidades colectivas y se evidencian las profundas asimetrías de clase: la subalternidad de cholos, indios y negros frente a una estructura de poder colonial trasnochada.
La crítica historiográfica de Marterno Vásquez se nutre de las agudas denuncias de Jorge Conte Porras (1973), quien es implacable al señalar que la historiografía tradicional ha perpetrado una invisibilización sistemática de los héroes de los sectores populares. Al referirse a ellos como “los panameños” bajo un lente homogéneo, se ha despojado a los sujetos históricos de su singularidad. Se los convierte en una masa anónima que diluye la complejidad del proceso histórico. Esta despersonalización es, a juicio de Materno Vásquez, una negación ética. Victoriano Lorenzo, por tanto, emerge en este contexto como el representante del liberalismo popular emotivo, cuya insurgencia no responde a una anomia caótica, sino a una respuesta ética contra un régimen que perpetuaba estructuras coloniales como los diezmos y primicias, lo que mantiene a las poblaciones rurales en un estado de servidumbre semifeudal.
El análisis de la Guerra de los Mil Días de Materno Vásquez se aborda desde la óptica de una “cruencia trasluciente de odios clasistas” (1973, pág. 12). La contienda es analizada como el resultado de una dinámica política colombiana en la que, mientras los líderes de élite —los liberales civilistas— se disputaban cuotas de poder con el conservadurismo hegemónico; las bases campesinas, lideradas por Victoriano Lorenzo, dotaban a la revolución de una voluntad política real. En este contexto, la figura de Belisario Porras sirve como vector del discurso liberal que, al permear las montañas coclesanas, cataliza la emergencia de un caudillismo popular. Victoriano Lorenzo, lejos de ser un simple guerrillero, se revela como un estratega que pacta la redención social de su gente a cambio de su lealtad, anticipando en su lucha las reformas agrarias que décadas más tarde se intentarán concretar.
La hipótesis de Materno Vásquez alcanza su punto álgido al reflexionar sobre la naturaleza del fusilamiento de Lorenzo tras el Pacto del Wisconsin. Más que un acto de justicia militar, el autor lo identifica como una aberración jurídica necesaria para que la paz, entendida como el retorno al orden de la exclusión, pudiera consolidarse. La muerte de Victoriano Lorenzo no solo concluye una vida, sino que sella una ontología del actor político. El político auténtico es aquel cuya desaparición física lo transmuta en mito, se convierte su memoria en la sustancia del imaginario popular frente a una República que, en sus inicios, reprodujo las prebendas y el monopolio del conservadurismo colombiano.
La legitimidad del régimen democrático, argumenta Materno Vásquez, tiene que medirse por su capacidad de generar un espacio público genuino, fundamentado en la justicia social y no en la herencia feudal. El sacrificio de Victoriano Lorenzo, entonces, no puede leerse como un dato del pasado, sino como una vivencia perenne. Mientras la nación no dirija su mirada hacia el desarrollo de su campiña y hacia la integración de esa alteridad social que representaba el Cholo, el proyecto republicano permanecerá incompleto.
El homenaje de Materno Vásquez es un ejercicio de deconstrucción necesaria. Es una invitación a comprender la política, en su acepción más elevada, que consiste en la conversión del resentimiento social y la marginación histórica en eficacia institucional y justicia agraria. Victoriano Lorenzo no es, pues, una reliquia arqueológica, sino el espejo en el que las juventudes tienen que mirar su patria. Su figura interpela nuestra responsabilidad política y epistemológica, nombrar a los olvidados es un acto de reivindicación de la memoria colectiva. Un imperativo que el historiador y el teórico político tienen que asumir para que la nación deje de ser una abstracción y se convierta en un proyecto de redención para todos aquellos que, como Victoriano Lorenzo, forjaron nuestra identidad nacional desde la periferia y la exclusión. La obra de Materno Vásquez exige que la historiografía deje de ser un relato de los vencedores para convertirse en la crónica ética de quienes, con su vida y su lucha, dieron sentido a la idea misma de Panamá.