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- 27/03/2011 01:00
Populismo vs democracia en Panamá
El populismo en América Latina tiene hoy en día una careta que se arropa del andamiaje de las instituciones democráticas para prosperar en nuestras sociedades. En Panamá hemos recibido las influencias que esta modalidad de gobernar ha desarrollado en América Latina, como consecuencia de la política impulsada por el conflicto de bloques ideológicos y que se encubría bajo gobiernos de corte militar.
Con el general José Antonio Remón Cantera asistimos al primer gobierno de corte populista en nuestro país. Su campaña ‘Ni Millones, Ni Limosnas queremos Justicia’, que dio lugar a la negociación del Tratado Remón—Eisenhower, núcleo a ciertos sectores del nacionalismo panameño con la irrupción de la guardia nacional como ‘garante’ de las luchas intestinas de los partidos políticos que habían nacido con la República.
Con el general Omar Torrijos Herrera surge otra variante de populismo más ligada a procesos políticos, como el del general Velasco Alvarado del Perú —distintos en esencia— del resto de los regímenes militares tradicionales de derecha suramericanos, más similar a estos en los aspectos básicos que le dan fuerza al populismo como tal, eligiéndose los militares, ya no en garantes del poder, sino en tutelares en su totalidad el aparato de gobierno.
Con el avenimiento del partido Cambio Democrático (CD) al poder, estamos inmersos nuevamente en un impulso populista, que está dando al traste con las libertades civiles alcanzadas, al fomentar la impunidad de la Fuerza Pública con el blindaje legal que a la postre le han impuesto a la seguridad pública desde el Órgano Ejecutivo.
El presidente Martinelli, quien ha sido el mandatario más votado de nuestra historia democrática de los últimos veinte años, que, con su estilo de gobernar, parece estar fuertemente motivado por un estilo populista, está por verse aún si el interés del mandatario estriba en perpetuar legítimamente su administración a través de una figura ligada a su gobierno o el mismo. Pero en el ínterin de esta decisión fundamental, que solo atañe al mandatario, el populismo se ve afianzado en todas las esferas del poder político.
Según reporte publicado por la Contraloría General de la República, las cifras arrojan que al cierre de 2010, la planilla del sector público estaba compuesta por 181 mil 414 empleados, lo que representa un aumento de 7 mil 898 empleados o 4.55% más que al cierre de 2009, cuando el Estado contaba con 173 mil 516 funcionarios y la tendencia al parecer va en aumento.
En cuanto a las libertades civiles, la sociedad civil y los grupos indígenas lograron derrotar de momento el avance de este monumental esfuerzo del mandatario en copar todos los espacios económicos de la agenda nacional, al haber logrado derribar la Ley de Minería, con un apoyo más bien tibio del PRD, apenas más fortalecido por parte de los grupos organizados alrededor del recién creado Frente Amplio por la Democracia (FAD), que ya puede hacer gala de que irrumpe en el escenario nacional con un logro reivindicativo a expensas del gobierno.
La expulsión del periodista Paco Gómez Nadal no es fortuita en este mismo sentido. Es una tendencia que se viene mostrando por parte del Ejecutivo en dominar y controlar, de manera férrea, los medios de comunicación como lo ha sido la renuncia forzada de un director de medios y la compra de otro medio de comunicación escrito que hoy ha perdido su independencia.
El papel del segundo partido socio de la coalición de gobierno es sumiso a los quehaceres del mandatario pese que buena parte de la dirigencia panameñista, percibe que no está siendo tomada en cuenta a la hora de gobernar. La elección de la defensora del Pueblo es apenas una muestra de lo endeble que está la alianza en este preciso momento.
Juzgue usted amable lector:
Una definición del Populismo que hemos ensayado aplicable a nuestra realidad lo define como: ‘no un sistema de gobierno per se. El mismo, aprovecha los resortes del poder para sostenerse y afianzar el liderazgo del líder/caudillo a través del gasto público, ya sea en obras de infraestructura, abultar la planilla y el asistencialismo estatal. Los fines del mismo van en desmedro del régimen de libertades y las finanzas del Estado, persiguiendo con ello y como fin último el perpetuar al grupo que maneja la Cosa Pública, ya sea mediante recurrir al nacionalismo como fuerza aglutinante o a los mecanismos de la democracia representativa/participativa como soporte popular’.
*DOCENTE UNIVERSITARIO.