• 29/11/2008 01:00

Los ‘viejos verdes’, VVH

Como en nuestra juventud campea eminentemente la santidad, es imperioso mermarla con el mentado Proyecto de Ley 442 (que adopta medidas ...

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Como en nuestra juventud campea eminentemente la santidad, es imperioso mermarla con el mentado Proyecto de Ley 442 (que adopta medidas para establecer y proteger los derechos humanos en materia de sexualidad y salud reproductiva y promover la educación, información y atención de la salud sexual y reproductiva”), que actualmente se discute en la Asamblea Nacional de Diputados.

Por lo menos así pareciese que pensaran sus promotores. En este artículo, expondré una cruda realidad — aparte de asquerosa — que acontece habitualmente en nuestro país; y es acerca de los denominados viejos verdes homosexuales (VVH), tema súper tabú. Entiéndase por VVH a aquel hombre biológico cuya edad normalmente es superior a treinta y cinco años, que siente atracción sexual hacia personas de su mismo sexo de edades considerablemente menores, que oscilan entre los doce a veinticinco años (no confundir con pedofilia). Esta definición fue extraída de sondeos, aunque las edades pueden variar, según sea el caso.

En palabras sencillas, un VVH sería el señor que gusta de chiquillos (los hay hasta casados y con hijos; sin mencionar a los políticos). Comúnmente, para que un VVH pueda saciar sus apetitos venéreos con mancebos, debe contar con gruesos recursos económicos, puesto que los jovencitos para corresponderle exigen dinero o bienes materiales a cambio. Y es que hoy en día existen adolescentes que poseen tan baja moral que se prostituyen con estos degenerados, a fin de recabar dinero, ropas de marca, zapatos finos, celulares de último modelo, etc.

Por ejemplo, me cuenta una amiga, que a su facultad (de la Universidad de Panamá) llegan señores conduciendo lujosos automóviles a buscar a un estudiante que se dedica a ofrecer el pecaminoso y deplorable servicio.

Por otra parte, hace poco, un mozalbete de 16 años me testimonió cómo uno de esos depravados desde su imponente Murano le pidió acercamientos íntimos a cambio de proporcionarle dinero y unas zapatillas nuevas.

En la jerga vulgar, el muchacho que, sin ser homosexual (supuestamente), cobra por cohabitar con un VVH, se le apoda con un término que, por razones de educación periodística, no puedo publicar (sé que saben cuál es).

En nuestra sociedad los valores andan por el fango, y el libertinaje sexual en pleno apogeo.

¿Y así quieren implementarnos una ley que permita al menor mantener relaciones sexuales con quienes deseen, porque son libres?

Si con las pocas ataduras morales que tiene la juventud se miran tamañas perversiones, ¿qué sucederá en ausencia de ellas?

¡Como Sodoma y Gomorra vamos a quedar!

¡Abajo el Proyecto de Ley 442!

-El autor es estudiante de Derecho.kevinarjona@email.com

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