Un fuerte terremoto de magnitud 7,1 se registró este martes 28 de julio en la prefectura de Kumamoto, al sur de Japón, provocando una emergencia de gran...
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Agrega La Estrella en Google ↗️La guerra puede comenzar en la pantalla de un teléfono, con un mensaje de WhatsApp, una promesa de dinero y un boleto listo. En Panamá, cuatro casos son investigados por la posible vinculación de ciudadanos con el conflicto entre Rusia y Ucrania. Ya se ha reportado la muerte de un panameño y se calcula que unos veinte nacionales estarían enrolados en ambos bandos. La cifra obliga a mirar más allá de la curiosidad y del impacto de la noticia. No se trata de una aventura, de un empleo remoto ni de una oportunidad para escapar de las dificultades económicas. Se trata de una guerra real, con armas reales, órdenes que no se discuten y una posibilidad concreta de no regresar. La nota periodística, de este diario publicada hoy, expone un mecanismo de captación basado en mensajes, fotografías de pasaportes, grupos de WhatsApp, rutas internacionales, bonos y comisiones por reclutar a otros. La oferta se presenta como una salida rápida, pero detrás del dinero hay una decisión que compromete la vida. Debe prevalecer la conciencia del ciudadano. Antes de entregar un documento, aceptar un boleto o dejarse seducir por una recompensa, corresponde detenerse, preguntar, contrastar y medir las consecuencias. La necesidad puede explicar una decisión, pero no elimina la responsabilidad personal. Ninguna suma compensa el riesgo de morir en una guerra ajena. Y ninguna promesa, por atractiva que parezca, debería opacar el instinto elemental de preservar la propia vida, ni el dolor de una familia.