• 27/07/2026 00:00
Entrelíneas

La Asamblea y su reforma política

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La discusión sobre los privilegios de los diputados ha vuelto a evidenciar una deuda pendiente con la ciudadanía: la Asamblea Nacional no solo requiere ajustes puntuales, sino una transformación profunda de sus prácticas, reglas y cultura política. Eliminar beneficios injustificados es un paso necesario para recuperar la maltrecha credibilidad de la institución, pero no resuelve por sí solo la crisis de confianza que arrastra. El problema no se limita a los privilegios, sino también a la falta de transparencia, rendición de cuentas y a una relación distante entre representantes y ciudadanos. La reforma del reglamento interno de la Asamblea no puede seguir aplazándose. Es necesaria, pero tampoco debe plantearse como la solución definitiva a los problemas del Legislativo. La renovación no dependerá únicamente de nuevas normas ni de cambios en las votaciones internas. También exige una ciudadanía más activa, que supervise, cuestione y evalúe el desempeño de sus diputados más allá de los periodos electorales. Los independientes llegaron con la promesa de una nueva forma de hacer política, mientras los partidos tradicionales enfrentan años de cuestionamientos. Ambos sectores han demostrado que, por sí solos, no son suficientes para impulsar el cambio que demanda el país. Quitar privilegios es apenas el primer paso. La verdadera reforma requiere voluntad política dentro del Legislativo y vigilancia ciudadana fuera de él. Solo así será posible recuperar la confianza, fortalecer la democracia y garantizar que la Asamblea cumpla su papel como contrapeso institucional en momentos en que avanza la tentación autoritaria en América Latina y Panamá.

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