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El desempleo no se reduce con anuncios ni con el aumento en el número de contratos registrados. Se necesita que las oportunidades ofrezcan estabilidad, salarios dignos y condiciones que permitan a las familias planificar su futuro. Ese sigue siendo uno de los grandes desafíos del mercado laboral panameño. El Gobierno proyecta llevar la tasa de desempleo a un dígito y destaca como una señal positiva el incremento del 22% en las nuevas contrataciones. Es un avance que merece ser reconocido, pero también analizado con cautela: de los 141,595 contratos registrados entre enero y mayo, el 77% corresponde a empleos temporales o por obra determinada. Solo el 23% establece una relación laboral indefinida. La economía muestra señales de movimiento. El sector privado continúa impulsando buena parte de la actividad, mientras el aumento de 6.9% en las cuotas obrero-patronales de la Caja de Seguro Social constituye un indicador alentador. Sin embargo, el crecimiento de las contrataciones tendrá un impacto limitado si buena parte de esos puestos dura apenas unos meses y devuelve al trabajador a la incertidumbre. La meta de crear 80 mil plazas durante este año es ambiciosa y necesaria, pero debe ir acompañada de políticas que eleven la calidad del empleo. Cada año, miles de jóvenes ingresan a un mercado que todavía no logra absorberlos en condiciones adecuadas. El progreso no puede medirse únicamente por el número de contratos firmados. También debe evaluarse por su duración, sus condiciones y la capacidad real de ofrecer estabilidad.

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