El diputado Eduardo Gaitán, ha asumido una postura firme frente a lo que considera una “lección que no debe repetirse”.
La posición geográfica de Panamá y la dinámica de la economía global han situado al país en un punto estratégico que representa una gran oportunidad, aunque también implica riesgos frente a las aspiraciones de las potencias. Nación con vocación marítima y amplias capacidades portuarias, Panamá encuentra en el proyecto de la nueva terminal de Puerto Armuelles una apuesta relevante para el crecimiento del occidente del país. La participación de Japón como principal inversor refleja la confianza que economías de peso depositan en el país. En un contexto internacional marcado por disputas geopolíticas y rivalidades crecientes, diversificar alianzas y ampliar los destinos de inversión debe ser una prioridad del Estado. Explorar vínculos con Mercosur y otros mercados distintos de Pekín y Estados Unidos fortalece la autonomía nacional y amplía el margen de maniobra frente a las tensiones globales. Sin embargo, sería equivocado pensar que un solo proyecto resolverá los problemas estructurales de una provincia. Más bien, debe asumirse como punto de partida para impulsar una estrategia de desarrollo integral que articule infraestructura, industria y comercio local. El desafío consiste en evitar la repetición de modelos de enclave que, en el pasado, marcaron negativamente a Puerto Armuelles, donde limitaron los beneficios para la población y profundizaron desigualdades. La nueva terminal debe convertirse en un motor de encadenamientos productivos, generación de empleo y fortalecimiento empresarial. Reducir la dependencia externa y consolidar la soberanía económica no solo es un objetivo deseable, sino una responsabilidad estratégica del Estado