A pesar de contar con uno de los presupuestos más altos del gobierno y de ser una institución clave para el desarrollo nacional y la mejora de la calidad de vida, el Ministerio de Educación (Meduca) registra uno de los niveles más bajos de ejecución en inversión. Según cifras oficiales, apenas se ha utilizado el 17.2 % de los fondos asignados y se transfirieron $436.8 millones a otras entidades, aun cuando persisten carencias urgentes en materiales, personal docente e infraestructura escolar. La administración actual, al igual que las anteriores, ha recurrido a diversos argumentos para explicar una ineficiencia evidente. Es una situación compleja que no puede atribuirse a un solo gobierno, pues responde a fallas estructurales. Decisiones inmediatas, con frecuencia motivadas por cálculos políticos, han desplazado la planificación sostenida de verdaderas políticas de Estado sobre educación por décadas. Sin embargo, esa realidad no excluye la responsabilidad actual frente a la incapacidad que parece rodear al Meduca en materia de ejecución presupuestaria. Mientras numerosos planteles se deterioran y estudiantes arriesgan su vida para llegar a centros ubicados en zonas de difícil acceso, la situación resulta urgente. Se requiere una estrategia que fortalezca una educación científica y laica, alineada con las demandas del mercado laboral y los desafíos tecnológicos y sociales. El Meduca no puede seguir siendo una “caja menuda” en la Asamblea Nacional, para cubrir déficits de otras instituciones. El país se juega su futuro en las aulas. Basta de excusas; es hora de dar respuestas reales.

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