El Tribunal Electoral (TE) se erige como el baluarte de la paz civil en Panamá. Ante el cierre de postulaciones con 26 aspirantes, la Asamblea Nacional inicia un proceso de selección que debe trascender el debate político para centrarse en la solidez técnica y moral. Entre los perfiles destaca el magistrado Alfredo Juncá, quien pone su gestión a consideración para una eventual reelección, junto a destacados juristas que buscan aportar nuevas visiones a la institución. La democracia no es un concepto estático; se fortalece a través de la transparencia y la confianza en sus árbitros. Para la empresa privada, un tribunal independiente es sinónimo de estabilidad y reglas claras; para los sectores más vulnerables, es la garantía de que su voz tiene el mismo peso que cualquier otra. Por ello, el escrutinio de la Comisión de Credenciales debe ser impecable, evaluando la trayectoria y el compromiso de cada candidato con los derechos humanos y la justicia. Panamá requiere un árbitro que sea símbolo de unidad y rectitud, ajeno a las presiones externas y firme ante cualquier asomo de corrupción. La designación de este magistrado es una oportunidad para reafirmar que, por encima de los nombres, prevalece el respeto sagrado a la Constitución. La Asamblea tiene hoy el encargo histórico de proteger el prestigio del máximo organismo electoral del país.

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