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16 de Oct de 2019

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Redacción La Estrella de Panamá

Entre Líneas

Educar para la innovación

Allá no hay exámenes, los niños entran un año más tarde, tienen menos horas clases al día, menos meses al año y casi no tienen deberes y con todo y eso, Finlandia tiene una de las economías de innovación más prósperas del mundo.

Tony Wagner es uno de los estudiosos más respetables en el tema de la educación. En una entrevista analizó la realidad de la educación estadounidense y concluyó que hay que rediseñar el sistema para que los niños y jóvenes tengan opciones reales de estudiar para lo que van a trabajar. En su análisis sobre la educación estadounidense, descubrió que el 20 por ciento de los niños que va a secundaria no termina el instituto; 20 termina, pero no continúa estudiando. El 60 por ciento restante va la universidad, pero 20 por ciento abandona y 20 por ciento tiene un trabajo para lo que no se necesita la universidad. Lo triste es que solo un 20 por ciento acaba teniendo un trabajo que requiere una titulación universitaria. ¿Cuál es la realidad panameña? Quizás las cifras sean todavía más reveladoras y dramáticas y ni siquiera lleguemos al 20 por ciento de los licenciados que estén ejerciendo lo que estudiaron. Para resolver el problema, Wagner pone de ejemplo lo que hizo Finlandia. Hace 40 años tenía una educación mediocre y una agricultura donde la gracia era tumbar árboles, como si no hubiese un mañana. Finlandia hizo un amplio debate nacional sobre cómo prosperar en el Siglo XXI y concluyeron que debían centrarse en la mente y el talento de los jóvenes. Empezó transformando la formación del profesorado y hoy la enseñanza es una de las profesiones más prestigiosas en Finlandia. Allá no hay exámenes, los niños entran un año más tarde, tienen menos horas clases al día, menos meses al año y casi no tienen deberes y con todo y eso, Finlandia tiene una de las economías de innovación más prósperas del mundo. En conclusión, la clave está en educar para la innovación y todo empieza desde los once años de edad de los niños. Panamá no tiene que inventar la rueda, solo tiene que cambiar el chip y empezar a educar para innovar.