Pareciera que la denominación de la democracia se ha extendido más allá de lo que su significado real impone. Tal es el sinsentido que hay muchos ejemplos donde la libertad de expresión se ha transformado al libertinaje. Las minorías imponen un criterio que cambia hasta el lenguaje. La defensa del medio ambiente raya en la valorización primaria de un animal o un árbol, por encima del ser humano. Que en el cierre de una vía importantísima para la comunicación se valore más el derecho que tienen quienes realizan esa manifestación de fuerza, por encima de los millones de personas que se ven afectadas. Hay muchos ejemplos más sobre estas novedades que ya no responden a la democracia, sino a la degradación de esta, la oclocracia. Y pareciera que es justo lo que vivimos en Latinoamérica y el mundo y por eso la población responde con firmeza dando paso a gobiernos duros. Los líderes que toman decisiones firmes están siendo aplaudidos, lo que significa que la oclocracia está abriendo pasos a una nueva realidad mundial. El camino arrollador de Trump que lleva a la sociedad estadounidense a valorarlo nuevamente para la presidencia; el triunfo de Milei en Argentina; las acciones de Bukele que lo van a reelegir sin mayor problema o los aplausos que gana Noboa en Ecuador, son solo ejemplos de esta nueva realidad. Panamá camina en la incertidumbre y hasta ahora no hay un solo candidato presidencial que logre encantar, salvo al que quieren inhabilitar con las múltiples acusaciones y una condena en su contra. Esta es la nueva realidad del mundo y Panamá no escapa a ella. ¡Así de simple!

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