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22 de Oct de 2019

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Rafael Carles

Lector Opina

Impuesto reduciría el consumo

Por más de una década, la industria de sodas y los legisladores se han enfrentado en torno a la idea de un impuesto a estos productos

Por más de una década, la industria de sodas y los legisladores se han enfrentado en torno a la idea de un impuesto a estos productos. Los defensores dicen que combate la obesidad al reducir el consumo de sodas, mientras que la industria asegura que el impuesto simplemente no funciona.

Estos debates eran en su mayoría teóricos, porque ninguna gran ciudad, Estado o país había aprobado el tipo de impuesto que los defensores querían. Pero esto cambió en 2013, cuando México aprobó el impuesto, y ahora el debate teórico tiene un asidero más real. Los datos preliminares del Gobierno mexicano e investigadores de salud pública en Estados Unidos indican que el impuesto provocó un aumento importante en los precios y una consecuente caída en la venta de sodas, en especial entre los consumidores más pobres del país. Aunque se desconocen los efectos a largo plazo, el impuesto es proclamado como un éxito por sus defensores, quienes dicen que podría implementarse en Estados Unidos.

La idea del impuesto a la soda está inspirado en ciertos aspectos de los impuestos al tabaco que se aprobaron durante el siglo pasado en la mayoría de los países del mundo. La idea no era solo recaudar más en impuestos, sino desalentar a la gente de comprar cigarrillos. Una amplia bibliografía demuestra que los altos precios lograron disminuir las ventas de cigarros, en particular entre los jóvenes.

De igual modo, la idea detrás de los impuestos a la soda es que deberían aplicarse a las embotelladoras o vendedores al por menor, de tal manera que el alza a los precios se refleje en el precio de venta. Al igual que sucede con los impuestos al tabaco, los defensores quieren que sean lo suficientemente altos para que los consumidores sientan la diferencia.

El impuesto en México tomó en cuenta esas recomendaciones. Las embotelladoras pagan un peso por cada litro de bebidas azucaradas, que representa aproximadamente un 10 % de aumento en el precio, un salto significativo. Y dado que se aplica a los distribuidores, cualquier aumento resultante se verá reflejado en el precio al consumidor. Y en efecto así fue: en el transcurso del 2014, hubo una disminución promedio del 6 % en las ventas de sodas, y el efecto pareció intensificarse a través del año. Para diciembre de ese año, las ventas habían caído un 12 % en comparación con diciembre de 2013. La disminución más grande se dio entre los mexicanos de más bajo ingreso, lo que sugiere que fue el precio, y no la publicidad sobre el impuesto, lo que hizo la diferencia.

La pregunta clave, si disminuyeron las tasas de obesidad y diabetes, sigue sin respuesta. Es posible, por ejemplo, que las personas que dejaron de comprar sodas lo cambiaron por un jugo de manzana, que tiene casi el mismo número de calorías provenientes del azúcar natural. O tal vez comenzaron a tomar más agua, pero también comieron más helados. Algunos estudios afirman que las calorías líquidas no sacian tanto a la gente como las sólidas, y esto parece indicar que las calorías perdidas no se sustituirán en su totalidad. Sin embargo, existen pocos estudios sobre qué sucede cuando la gente cambia sus hábitos de consumo de sodas a largo plazo, así que será necesario que transcurran varios años antes de saber si la caída en el consumo de sodas en verdad mejora la salud de los mexicanos.

Es probable que los impuestos tengan un impacto negativo en las ventas de los fabricantes de sodas. La American Beverage Association, que congrega a los fabricantes, se ha opuesto con firmeza a los impuestos. El grupo argumenta que los impuestos señalarían injustamente a una sola industria por la crisis de obesidad, y añade que los consumidores simplemente encontrarán esas calorías en otros productos.

La asociación estadounidense hace alusión a estudios previos sobre los impuestos a las bebidas carbonatadas y azucaradas en Estados Unidos y Europa, con lo cual el consumo no disminuyó de manera importante, y la obesidad siguió igual, porque la gente consumió otras bebidas altas en calorías. Es decir, una reiteración de que la gente encuentra otras maneras de obtener los productos o nutrientes que busca; y que los impuestos, las prohibiciones y las restricciones no cambian los comportamientos que conducen a la obesidad. Amanecerá y veremos.

*EMPRESARIO, CONSULTOR EN NUTRICIÓN Y ASESOR DE SALUD PÚBLICA.