• 08/03/2015 01:00

La izquierda prepara su alfil

'Luego de quince años del traspaso definitivo de la zona canalera y de una década de franco crecimiento económico'

No hay razones para sentirse orgullosos de la coyuntura nacional. Luego de quince años del traspaso definitivo de la zona canalera y de una década de franco crecimiento económico, los panameños todavía estamos pobres sin nada firme y concreto de donde agarrarnos. Nuestras instituciones yacen destruidas infectadas por la corrupción, los políticos representan una masa inerte sin credibilidad y las autoridades no encuentran aún la fórmula para sacar al país del atolladero. Y peor aún, lo que se avecina no luce nada bueno, porque hay signos evidentes de más debilitamiento institucional, social y moral.

Los clichés de que Panamá es una tacita de oro y que somos la envidia del mundo son puro espejismo. Lamentamos que las autoridades todavía no toman cuenta de la realidad y sueñan con ínfulas de grandeza. El presidente Varela, que prometió cosas buenas para el país, ahora viste un corte populista que comienza a dar tregua a un movimiento de izquierda que después de bastantes años de silencio perfila sus ideas.

Una izquierda que tradicionalmente se enfocaba en criticar los principios neoliberales y las desigualdades sociales, ahora se preocupa más por defender sus argumentos de cara a sus posibilidades políticas.

Con la ayuda de un Gobierno populista, la izquierda ha medido el campo de batalla y observado sus opciones. Y además favorecida con la corrupción que incluye la clase política y empresarial, la izquierda busca encajar el golpe preciso para pulir y rearticular su pensamiento estratégico, y dar ese paso táctico en una próxima contienda electoral. En tal sentido, el presidente Varela le hace un gran favor a este movimiento cada vez que recurre a sus propuestas populistas.

Tristemente, en el camino ha olvidado distinguir la diferencia entre los signos de los tiempos y su responsabilidad de trabajar más intensamente en cumplir sus promesas de campaña y lograr los objetivos de su Gobierno.

El país se ha convertido en un escenario en el cual aparece en primer plano un Gobierno débil al que le falta capacidad para tomar decisiones.

Al mismo tiempo se vislumbra una audiencia, de la cual la izquierda forma parte, que se deleita con cada sobresalto que nos regala la clase política. Esta tragicomedia obliga a todos, gobernantes y gobernados, a reenfocar el rumbo del país y preparar un plan de acción que contribuya a fortalecer la institucionalidad del Estado y achicar la brecha de la pobreza. En este sentido, es esencial que el Gobierno nacional imprima energía sin dilatar ni postergar los problemas que llegan a sus manos. Abundan los ejemplos: Caja del Seguro Social, Mi Bus, Barro Blanco, planteles escolares, hospitales y centros de salud, sector agropecuario, seguridad ciudadana, etc. Y mientras tanto, la izquierda adquiere mayor fuerza y prepara sus alfiles.

Es oportuno mirarnos en el espejo de países como Nicaragua, Venezuela, Bolivia y Ecuador, y entender qué tipo de país queremos para Panamá.

Un punto de partida sería vacunar a las autoridades contra las ideologías que nunca resuelven problemas y que son descartadas por países desarrollados por improductivas. Nada bueno lograremos del socialismo de mercado, subsidios a la ineficiencia, apoyo a los vagos y patrocinio a la mediocridad. Por eso, es hora de cuestionar el impacto y sentido de las medidas populistas como control de precios, regulación de márgenes y programas de ‘salarios’ de por vida pagados a todos los ciudadanos a partir de la mayoría de edad.

Frente a esta coyuntura, el Gobierno debe desnudarse de su vestido populista y emprender el camino hacia la modernidad. Muy atinadamente lo expuso Andrés Oppenheimer en su última columna, cuando se refirió a que los presidentes latinoamericanos debieran dejar de hablar babosadas y ponerse a trabajar —como los países asiáticos— para ser más competitivos en la economía global. ‘En lugar de hablar boberías, deberían estar hablando sobre la necesidad de mejorar los niveles educativos y la innovación, para exportar productos cada vez más sofisticados’. Es decir, Varela debe ser determinante en no estrechar lazos con corrientes ideológicas que no garantizan la institucionalidad ni aseguran el adecentamiento de funcionarios. Al contrario, la izquierda es un escaparate que esconde lo peor del ser humano.

El reto que tenemos los panameños no es teórico ni se enfrenta con acciones demagógicas. Necesitamos un país de valores, en que el trabajo duro y honesto sea única carta de presentación. Lo que hemos visto en estos primeros nueve meses de Gobierno son decisiones y acciones carentes de fondo. Su principal error es que se ha querido complacer a todos y pretender quedar bien con Dios y el diablo. Todos sabemos que eso no será posible, porque con todo y sus defectos, los principios de la libre empresa y de la libertad económica aún mantienen su solvencia, y simplemente el populismo y su arma ideológica de la izquierda siempre quedan sin argumentos.

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