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19 de Feb de 2020

Redacción Digital La Estrella

Opinión

¡Esta vaina se acabó!

Al conocer sobre la noticia del fallecimiento de ese gran patriota y luchador por la democracia y la libertad, Billy Ford, lo primero qu...

Al conocer sobre la noticia del fallecimiento de ese gran patriota y luchador por la democracia y la libertad, Billy Ford, lo primero que vino a mi memoria fue esa célebre frase que persiguió a la dictadura hasta su final: ‘¡esta vaina se acabó!’.

Quienes tuvimos el privilegio de conocer muy de cerca a Billy como dirigente empresarial, como político, como gobernante y como amigo, siempre recordaremos su grueso tono de voz, que le ganó el mote de ‘gallo ronco’, por su glorioso partido MOLIRENA; su beligerancia y valentía, que lo enfrentó con la persecución, la cárcel, el exilio, y los paramilitares; su sabiduría, a pesar de no haberse graduado de universidad alguna; sus encendidos discursos en la arena política, que ayudó a miles de panameños a no tener miedo a la amenaza constante del dictador y sus secuaces.

Desde joven, como dirigente empresarial, junto con otros compañeros empresarios, se enfrentó a la dictadura militar, en aquel movimiento iniciado por empresarios de la APEDE y que le costó el exilio por muchos años, lo que no le hizo claudicar a sus principios democráticos de lucha, a pesar del costo para su él y su familia, como a su economía, que lo dejó prácticamente en la ruina. Sin embargo, años después, a su regreso del exilio, continuó luchando por el retorno de la democracia y las libertades a nuestro país.

Comprometidos los militares al ejercicio electoral democrático, como consecuencia de la firma del Tratado Torrijos—Carter, se funda el partido MOLIRENA, que en su origen agrupó a dirigentes de varios partidos históricos y panameños interesados en la democracia. Recuerdo el acto de fundación y el entusiasmo de todos los que participamos del mismo. Y, así, dimos los primeros pasos políticos en esa campaña de 1984, recorriendo el país para apoyar a los candidatos de la oposición, Arnulfo Arias, Carlos Rodríguez y Ricardo Arias Calderón. El resultado es sabido, pero en forma alguna enfrió el entusiasmo y la lucha por la recuperación de la democracia.

El cruento asesinato del Dr. Hugo Spadafora y las declaraciones acusatorias del coronel Roberto Díaz Herrera, fueron la chispa para la creación de la Cruzada Civilista Nacional, conformada por empresarios, sindicalistas, profesionales, amas de casa y trabajadores, que día tras día, se enfrentó a la dureza de los militares y sus batalloneros, utilizando como armas el pañuelo blanco y la desobediencia civil. Ahí estaba Billy, el empresario, el político, el idealista y el amigo. Su participación en las marchas, sus mensajes por la radio, sus arengas, siempre serán recordadas por miles y miles de panameños.

También recuerdo cuando en enero de 1989 me dijo, muy humildemente, me interesaría ser el candidato de MOLIRENA para la Vicepresidencia de la República, cuando ya se había aceptado a Guillermo Endara para la Presidencia y a Ricardo Arias Calderón para la Primera Vicepresidencia. Y así, el destino me permitió en una reunión del organismo correspondiente celebrada en casa del siempre recordado don Alfredo Ramírez, el gratísimo honor de postularlo, lo que fue ratificado al día siguiente por los convencionales en el Teatro Bellavista. Y comenzó esa gran carrera final por la recuperación de nuestras libertades. La campaña fue muy difícil y, en un carro 4x4, recorrimos el país de frontera a frontera, siempre bajo el ojo vigilante de los militares y con la amenaza constante de un enfrentamiento, ante las denuncias que vociferaban los candidatos, muy en particular Billy, nuestro ‘gallo ronco’.

La anulación del resultado de la elección que favorecía ampliamente a Endara, Arias y Ford, no impidió la continuación de la lucha que produjo el grave incidente y cobarde ataque a quienes participaban en una pacífica caravana de triunfo, resultando Billy muy golpeado y encarcelado. Pero, más triste aún, fue el asesinato de su seguridad Alexis Guerra, y las heridas que le propiciaron al muy querido Beto. El mundo registró el incidente, y el aguerrido Billy terminó en la portada de prestigiosas revistas y periódicos. Sus viajes al exterior para denunciar al régimen de Noriega no cesaron, y cada vez más se recibía apoyo internacional.

La invasión del 20 de diciembre de 1989, permitió el reconocimiento popular y oficial del triunfo de la oposición. Con lágrimas en los ojos, Billy juramentó su obediencia a la ley y a Dios. Su labor como ministro de Planificación y Política Económica siempre será recordada por propiciar la seguridad y tranquilidad de los inversionistas, y la atracción de capitales nacionales y extranjeros. Su valentía al expresar lo que pensaba, si bien en algunos momentos provocó críticas, al final recibía el aplauso.

Se nos fue Billy, pero los que vivimos los momentos difíciles de la lucha por vivir en libertad y en democracia, así como las generaciones que nos siguen, debemos siempre recordarlo como un luchador incansable, una voz privilegiada, que hizo temblar y caer a los militares. Ahora sí todos podemos decir, ‘esta vaina se acabó’, pero tu memoria continuará impulsando nuestra defensa al sistema democrático y el respeto a las instituciones que deben guardar todos nuestros gobernantes, hoy popularmente elegidos cada cinco años. Que el Señor lo reciba y paz a su alma.

*EX EMBAJADOR EN MÉXICO Y EX PRESIDENTE DE LA CÁMARA DE COMERCIO.