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28 de Feb de 2020

Redacción Digital La Estrella

Opinión

El que mueve los hilos

S emanas antes de asumir el poder, Ricardo Martinelli dio una entrevista a la revista K. En respuesta a la pregunta sobre su programa de...

S emanas antes de asumir el poder, Ricardo Martinelli dio una entrevista a la revista K. En respuesta a la pregunta sobre su programa de televisión favorito dijo: ‘Antes, Los Picapiedras’. No es extraño entonces que esas reminiscencias hayan influido en el talante cavernícola del que ha hecho gala en los primeros 20 meses de gestión. Se ha comportado más como un monarca que como un funcionario público, que debe dar cuenta de sus actos ante el colectivo social.

El de Martinelli es un régimen sin ética pública ni moral democrática, que desconoce la solidaridad, la decencia, la honestidad y la moderación. Un régimen que se sostiene por su insaciable ambición de poder y falta de escrúpulos, cuyos excesos y desmesuras, generan enfrentamientos y conflictos. Un régimen vacío sin ley ni verdad. Un régimen cuya vocación rupturista y egocéntrica pareciera ser su único signo de coherencia.

En medio de los graves problemas que se ha buscado, Martinelli ensayó la socorrida invitación presidencial. Ante esa convocatoria habría sido lógico rechazar el llamado y dejar que el régimen siga sumido en el laberinto en que se encuentra, actitud que sin duda habría adoptado el propio Martinelli si las circunstancias fueran inversas. Su propensión genética es que al que resbala hay que destruirlo.

Con la reunión en el Palacio de las Garzas quedó demostrado que la mascarada se ha constituido en lo único real. Cada uno de los participantes en la reunión trató de sacar provecho del encuentro. Para Martinelli fue otra oferta de supermercado para intentar detener el acelerado deterioro por sus errores que han generado los escándalos que lo identifican como la mano que mueve los hilos detrás del Ministerio Público, el Órgano Judicial y el Legislativo.

Para Mireya Moscoso la reunión significó la posibilidad de la extinción de sus causas judiciales y una oportunidad para tratar de doblarle la cerviz a Juan Carlos Varela. Un hecho factible ante un Partido Panameñista debilitado por la glotonería de Martinelli como dueño de Cambio Democrático al engullirse a Unión Patriótica y tener de postre al Molirena. En esa guerra fría al interior de la alianza oficialista, Martinelli impondrá un panameñista sumiso a sus caprichos en la presidencia de la próxima legislatura.

En ningún momento Martinelli generó un clima propicio para conversar. Más bien habló de sus intenciones de ‘arrastrar’ al PRD en el 2014. Pero el PRD no es tan débil como para ser ignorado ni está tan arrinconado como para poder ser destruido. A través de un comunicado la Dirección del PRD marcó una línea divisoria entre el Partido y lo actuado por los ex presidentes Ernesto Pérez Balladares y Martín Torrijos.

Tanto Pérez Balladares como Torrijos tienen expedientes abiertos por funcionarios que obedecen ciegamente al Ejecutivo. Pero esa realidad no debe comprometer el futuro del PRD ni su institucionalidad. El Partido reconoció, sin embargo, que por la intromisión de Martinelli en el sistema de justicia no hay garantías procesales ni para los ex presidentes ni para ningún ciudadano.

La del Palacio de las Garzas no fue una cita para iniciar un diálogo político entre la alianza oficialista y la oposición. Tampoco fue un encuentro para trazar un límite donde los límites ya no existen. Martinelli trató de oxigenarse, mientras mantiene asfixiado al colectivo social con su toxicidad antidemocrática.

Por otro lado, con su sola presencia los tres ex presidentes asumieron compromisos con un personaje que se burla de la institucionalidad y de las reglas que norman la vida en democracia.

Las aspiraciones de la Nación han sido claras. Si hay que hablar de un tema es el de dotar al país de una Constitución Política integralmente nueva y no someterla a los parches tradicionales. Los tres ex presidentes habían sintonizado previamente con esos propósitos del colectivo social. Pero al final se impuso el objetivo de Martinelli de forzar reformas a su favor en contravía con los anhelos nacionales.

Lo que debe abrirse a partir de este momento es un diálogo amplio que ponga las bases para restituir la confianza y la credibilidad en las instituciones democráticas que este régimen ha dilapidado.

Un amplio diálogo nacional es bienvenido, si trae consigo el imperio de la tolerancia y la convivencia fructífera sobre los ánimos de ruptura y división. Si apunta hacia la generación de un clima social y un espíritu diferente, que depare al país espacios de sosiego y paz y no la zozobra e intranquilidad de las horas actuales.

*PERIODISTA Y DOCENTE UNIVERSITARIO.