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08 de May de 2021

Redacción Digital La Estrella

Opinión

Tiempos de crisis

En la vida de cualquier persona que llegue a la Presidencia de la República de Panamá los cinco años en los que más rápido envejecerá so...

En la vida de cualquier persona que llegue a la Presidencia de la República de Panamá los cinco años en los que más rápido envejecerá son sus cinco años de presidente. Basta ver una foto de cualquier presidente al juramentarse y la foto entregando el mando cinco años después. Pareciera que hubiesen transcurrido veinte. La razón, sin dudas, es la presión que el cargo ejerce sobre quien lo ostenta, producto de la alta responsabilidad sobre prácticamente todo lo que afecta la vida nacional.

Hoy, el presidente Ricardo Martinelli, con más del 70% de aceptación de gestión, enfrenta una serie de crisis que difícilmente podría resolver, aun con las mejores intenciones. Unas internas en su génesis, otras totalmente fuera del control interno. La principal crisis parece ser la del Órgano Judicial, donde el clamor popular pide la separación del magistrado José Abel Almengor, recién designado por el presidente, en medio de una serie de denuncias e indiscreciones que dejan muy confusa la ética de algunos magistrados. Lo triste es que no está en manos del presidente la solución, que depende estrictamente en la decisión que tome el magistrado o un juicio por parte de la Asamblea Nacional de Diputados.

Luego está la crisis del transporte, crisis que es producto de una mezcla de factores y situaciones que el presidente pudiera atender. Por un lado, un sistema de transporte público modernizándose, pero aplicado sin tener todas los elementos del sistema, donde no han llegado todos los Metrobús ni están listas las paradas, ni está listo el sistema de pago con tarjeta ni están los carriles habilitados especialmente para los buses. Conclusión, un sistema a medias que ha traído más problemas que soluciones.

Ahora se suma al problema del transporte el aumento de combustible, llantas, vehículos y repuestos que llevan a la ATTT a aumentar un promedio del 21% el transporte del interior del país. Curiosamente el aumento es rechazado por los transportistas por bajo y por los usuarios por alto. Adicionalmente, los transportistas de los distritos de Panamá y San Miguelito protestan, porque pareciera que los aumentos no afectarán a sus transportes, lo que es inadmisible. Si justificaron subir 21% al interior, la capital también debió subir 21%.

En ciernes, mientras tanto, los médicos es estado de alerta. El Ministerio correctamente, pareciera, pretende traer médicos especialistas del extranjero para atender regiones donde nuestros especialistas o no tenemos suficientes o no quieren ir. Pero, los médicos nacionales aducen que no van al interior porque los hospitales no están debidamente equipados, algo que los contribuyentes saben de sus hospitales aun en la capital. ¿Para qué seguir construyendo hospitales sin insumos y sin poder equiparlos para atender los pacientes? ¿No sería mejor usar los fondos para equipar debidamente los existentes?

El tema de la minería tampoco ha sido resuelto. La derogación de la ley que reformaba el Código Minero nos deja nuevamente con un Código obsoleto y anticuado y el Ejecutivo comprometido con una negociación previa a hacer con los indígenas de las diversas comarcas. La politización que hay hoy sobre el tema hace casi imposible una discusión seria y objetiva hacia un mejor Código de Minas.

Inclusive la propia discusión hará más palpable la última verdadera crisis que se cierne en el horizonte del presidente, la crisis con la bancada oficialista. El Partido Panameñista empieza a detectar el problema que representa la ambición del CD en su reclutamiento, que terminado de conquistar PRD para sumar, ha empezado a enamorar a los panameñista.

Ya el CD se pasó al Panameñista en membresía y finalmente la bancada panameñista está viendo que el final del periodo no es con un candidato presidencial panameñista al frente de la alianza, sino de un CD. Los que se rehúsan a seguir siendo segundos del CD empiezan ya a sacar su uñas y mostrar su disconformidad.

No dudo que todos estos problemas tienen que tener ocupado al presidente Martinelli y siguiendo los consejos de mis asesores universitarios, la solución en ingeniería es resolver de uno en uno los problemas, no tratar de resolverlos todos al mismo tiempo. Pero, ¿puede un presidente tratar de resolverlos de uno en uno? Pareciera que no, quizás por eso no resolvemos ninguno.

*INGENIERO Y ANALISTA POLÍTICO.