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14 de May de 2021

Redacción Digital La Estrella

Opinión

La hora de la energía renovable

N os acercamos rápidamente a una de esas encrucijadas históricas que podría resultar o bien en una crisis nacional de energía o bien en ...

N os acercamos rápidamente a una de esas encrucijadas históricas que podría resultar o bien en una crisis nacional de energía o bien en una extraordinaria oportunidad para avanzar hacia el verdadero desarrollo nacional. De nuestra visión y acción como ciudadanos y de la voluntad política del gobierno dependerá en gran parte lo que sucederá.

Hay, por lo menos, tres situaciones preocupantes relacionadas con las fuentes de la energía fósil que usamos y que nos están acercando cada vez más a esa crisis. Se trata en primer lugar de la ya innegable y creciente afectación del clima por la emisión de gases de invernadero producidos en gran parte por los combustibles fósiles. Recordemos el huracán Katrina, las inundaciones de Colombia y Centroamérica, nuestras propias devastadoras lluvias del diciembre pasado y tantos otros fenómenos atmosféricos inéditos que se están dando cada vez con más frecuencia a través del mundo. Parece que el precio que pagaremos por nuestro descuido será cada vez mayor.

En segundo lugar, está la dependencia irresponsable que continuamos manteniendo al consumir tantos combustibles fósiles finitos, como son el petróleo, el gas y el carbón. Todos estos, además, tienen sus precios directa o indirectamente controlados y manipulados por el oligopolio o cartel más infame que ha existido, que es la OPEP. La hemorragia de dinero que empleamos en su importación, con un efecto multiplicador negativo, tiene un efecto nefasto en el desempeño de nuestra economía. Y se pondrá peor, pues frente a la inevitable reducción en las reservas de hidrocarburos y las crisis políticas que se están sucediendo por todo el mundo árabe, ya algunos expertos pronostican el barril de petróleo a 200 dólares o más, que significa un galón de gasolina acercándose indefectiblemente a los ocho dólares. Por otra parte, después de la tragedia atómica de la central de Fukushima en Japón, la generación con combustible radioactivo ha dejado de ser una alternativa sensata, por lo menos en el futuro previsible.

Finalmente, debido a que el gasto en el trasporte personal y la energía eléctrica doméstica afecta proporcionalmente más a la población de menores recursos, estos inevitables aumentos en el costo de la energía son cruelmente recesivos. En un país como el nuestro, ya con una mala distribución de los ingresos, la situación tenderá a empeorarse.

La ironía de esta situación es que tenemos todos los recursos, la tecnología y el capital disponible para revertir esta situación a mediano plazo, dejar de ser explotados por la OPEP y convertir esta crisis en una oportunidad para que el crecimiento económico llegue mucho más a la base de la pirámide social. Solo tenemos que dejar de ser miopes. Si queremos, podemos llegar a ser un país totalmente verde en cuanto al uso de la energía.

No es muy aventurado afirmar que en un futuro próximo Panamá tendrá la oportunidad y la posibilidad de producir domésticamente toda la energía que necesita, sin importar prácticamente nada. En cuanto a la energía eléctrica, tenemos la capacidad para producir varias veces más de lo que consumimos, a precios sumamente bajos, e inclusive para exportar grandes excedentes, solo mediante el uso racional y ecológicamente sensato de nuestra fuerza hídrica, eólica y muy pronto también de la solar. En cuanto a combustibles y carburantes, ya hay muchas alternativas sumamente atractivas para producir diesel y gasolina a precios muy competitivos basados en diferentes cultivos agrícolas, como la biomasa, la caña, el coquillo, la palma aceitera y las algas, sin que necesariamente haya un menoscabo de la producción alimentaria y que dejarían una enorme riqueza distribuida en nuestros campos, en vez de enviarla a los jeques árabes.

Las naciones más ‘avispadas’ que nosotros tienen programas muy agresivos para reemplazar tan pronto y tanto como puedan sus fuentes tradicionales de energía fósil con energía renovable, pero pareciera que nosotros sólo recientemente nos hemos dado cuenta, y ya se escuchan voces saboteadoras.

A manera de incentivar el interés en la energía renovable, me atrevo a pronosticar, como ejemplo, que probablemente antes de que termine esta década, mucha gente en Panamá tendrá instaladas en los techos de sus casas celdas fotoeléctricas económicas, que le permitirán acumular energía eléctrica en baterías durante todo el día y conectar su automóvil eléctrico a cargar durante la noche, para circular al día siguiente con energía totalmente gratuita, limpia y silenciosa.

Otro ejemplo de lo que ya viene, es una plantita portátil y barata desarrollada en Nueva Zelanda, que permite convertir fácilmente grasas de origen vegetal o animal en biodiesel. Cada pueblo de nuestro interior, o cada ‘piquera’ de trasporte público podrían tener su propia fuente de combustible a costos muy reducidos. Y por cierto, el biodiesel es más amigable para los motores que el diesel de origen de petróleo. Esta operación la he visto ya operando en algunas fincas centroamericanas.

Esto ya está sucediendo y son apenas algunas de las promesas de la energía renovable. Pongámosno a trabajar hacia estas metas, porque eso es mucho mejor que estar quejándonos inútilmente de los precios o que protestar cerrando calles por la lamentable situación externa, que está totalmente fuera de nuestro control.

*INGENIERO Y PRESIDENTE DE LA FEDERACIÓN CENTROAMERICANA Y DEL CARIBE DE ENERGÍA RENOVABLE.