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- 16/01/2026 00:00
La economía azul: estrategia integral de resiliencia costera
Las ciudades costeras enfrentan una realidad ineludible, la erosión acelera, los mares suben y las tormentas intensifican su severidad. No es un escenario apocalíptico, sino una invitación urgente a repensar cómo construimos economía en las orillas del océano. La respuesta existe, está documentada y es implementable ahora, la economía azul como modelo integrado que restaura ecosistemas garantiza seguridad alimentaria y transforma crisis ambientales en oportunidades productivas.
La restauración de manglares constituye el primer pilar de esta estrategia. Estos bosques costeros funcionan como muros naturales; una franja de 300 metros reduce la altura de olas pequeñas en más del 50 por ciento, protegiendo infraestructura y vidas. Simultáneamente, almacenan carbono equivalente a millones de toneladas de emisiones. Sri Lanka ha restaurado 500 hectáreas desde 2015, proyectando alcanzar 10,000 para 2030. En Colombia, que posee los bosques de mangle más altos del mundo, se han restaurado más de 3,500 hectáreas, generando nuevas fuentes de ingreso comunitario. Panamá implementa proyectos como el de Isla Galeta, donde voluntarios restauran manglares conectando ecosistemas acuáticos. Estos son modelos operativos que demuestran que invertir en naturaleza redunda en defensa verificable.
El segundo pilar es la acuicultura de algas como respuesta a la seguridad alimentaria. Las algas aportan vitaminas A, B, C, E, K; minerales esenciales como yodo, calcio, hierro y magnesio; fibra, proteínas complejas y ácidos omega-3, con mínimas calorías. El cultivo no requiere agua dulce, pesticidas, ni tierra cultivable. Países asiáticos como China y Filipinas producen algas a escala industrial. Ahora Europa avanza; la proyección de mercado alcanza 9,000 millones de euros para 2030. En el Mediterráneo, empresas como Algabrava cultivan desde 2019 la lechuga de mar (Ulva lactuca), comestible y adaptada a aguas costeras globales. Iniciativas piloto en México, Chile y Perú demuestran viabilidad en América Latina.
El tercer pilar transforma el sargazo invasor, cuya proliferación crece con temperaturas marinas elevadas y nutrientes excesivos de fertilizantes y aguas servidas. Proyectos como SargaBlock en México producen bloques de construcción ecológicos. La gasificación hidrotermal convierte sargazo en hidrógeno renovable, biometano y biofertilizante. En el Caribe, coordinaciones regionales buscan pasar de la contención a la valorización mediante alianzas con universidades y gobiernos.
Estos tres pilares operan como sistema único, la restauración de manglares protege zonas de cultivo, que prospera en aguas con temperaturas reguladas por ecosistemas saludables, mientras el aprovechamiento de sargazo reduce presión sobre costas.
Las instituciones financieras validan estas soluciones. El BID, aprobó líneas de crédito por 60 millones de dólares para economía azul en Bahamas y 7 millones en Belice. La CAF invertirá 2,500 millones de dólares hasta 2030 en economía azul, habiendo movilizado 1,320 millones desde 2022. El Banco Mundial respalda la gestión costera integrada en 17 países.
La resiliencia costera no es lujo ambiental, sino necesidad económica. Ciudades costeras generan el 40 por ciento del PIB global. La economía azul es el sendero donde la protección ambiental y crecimiento convergen. No es futuro lejano los manglares se plantan hoy, las algas se cultivan ahora, el sargazo se transforma en recursos en estas fechas. El momento es ahora.