23 de Oct de 2021

  • Redacción Digital La Estrella

Opinión

Martinelli, siga soñando

La maquillada cordialidad proyectada en las fotografías de la reunión entre el presidente Barack Obama y Ricardo Martinelli contrastó co...

La maquillada cordialidad proyectada en las fotografías de la reunión entre el presidente Barack Obama y Ricardo Martinelli contrastó con el rostro adusto de la Secretaria de Estado Hillary Clinton. La web de la presidencia panameña mostró una secuencia de fotografías en las que Clinton sostiene una conversación con Martinelli, a cuatro pasos de la mirada atenta del subsecretario Arturo Valenzuela y la embajadora Phyllis Powers. Clinton le pidió su opinión acerca de los cables filtrados por Wikileaks y Martinelli respondió que ‘no le daba la menor importancia’. Pero para Washington esos cables que describen sin discreción ni sutilezas las torceduras de Martinelli, son importantes.

Con los informes llegados desde Panamá, Clinton influyó en Obama para que no todo fuera sonrisas para los fotógrafos. Obama le pidió a Martinelli que hiciera más para demostrar su compromiso democrático, con los derechos humanos, las libertades individuales y la libertad de prensa.

Tanto Obama como Clinton eran conscientes de que estaban frente a un aliado del Tea Party, la ultraderecha republicana, y expresión de la misma línea de Donald Trump, exponente de empresarios devenidos en políticos. Una especie originada en Europa por Silvio Berlusconi.

Ante Obama, Martinelli no controló su fanfarronería. ‘Venimos a aportar, no a sacar. No vengo a buscar dinero. Nosotros tenemos recursos’, le dijo Martinelli. ‘Puede contar con nosotros para cualquier cosa’, añadió. Y eso implica demasiado. Por ejemplo, en línea con el proyecto del Pentágono de reocupar militarmente a Panamá, Martinelli abrió la puerta para bases aeronavales en el Atlántico y el Pacífico y resucitó en Cocolí un centro multilateral antidrogas comandado desde Key West.

Ofreció en Washington el patrullaje conjunto de aguas internacionales, una estación de reconocimiento facial en el Aeropuerto Internacional de Tocumen, pidió capacitación militar para personal panameño, más presencia del Cuerpo de Paz en Panamá y que los vuelos que se originen en el país sean considerados como vuelos nacionales a Estados Unidos. Obama rechazó de inmediato esa última oferta.

Martinelli propuso, además, fusionar Aduanas y Migración, bajo una sola entidad controlada por el Ministerio de Seguridad, como una copia del Servicio de Aduanas e Inmigración estadounidense. Las primeras reacciones en Panamá, junto con la demanda criminal contra la directora de Migración por tráfico internacional de personas, han sido de rechazo por la forma inconsulta que se hizo el anuncio.

De la cita con Obama salió el compromiso de iniciar el proceso de ratificación del acuerdo comercial bilateral. Pero no se acordó, como deseaba Martinelli, un calendario preciso para su envío al Congreso estadounidense controlado por sus aliados republicanos.

Aunque la cita duró alrededor de 30 minutos, fue tal la excitación de Martinelli que una vez fuera de la Casa Blanca se apresuró a escribir en Twitter: ‘Excelente reunión. Hicimos química instantáneamente y duró más de una hora. Vienen muchas’. Luego dijo que invitó a Obama a visitar Panamá en una próxima gira por Latinoamérica, cuando lo más probable es que el mandatario estadounidense solo viaje a Colombia en abril del 2012 en ocasión de la VI Cumbre de las Américas.

Cuando la semana pasada se reunió con Martinelli, Obama sabía que Osama Bin Laden estaba rodeado en un barrio de la capital de Paquistán. Su final se convirtió en un enorme triunfo político y militar para Obama y tuvo un impacto sicológico en los estadounidenses. Atrás quedó la imagen del guerrero débil que machacó el Tea Party. A Obama se le hace ahora menos difícil su carrera por la reelección. Ese renovado liderazgo tendrá su efecto en las relaciones exteriores y, sin duda, en su política hacia Panamá.

Martinelli trató de proyectar en su reciente visita a Washington, un país que no existe. Bajo su régimen hay libertad de expresión, pleno empleo, bajos costos de los alimentos y seguridad jurídica predecible para los inversionistas. En Panamá el Poder Judicial no está en manos de compinches, la Procuraduría General de la Nación no es controlada por el Ejecutivo ni el Órgano Legislativo es un servil de los caprichos del autócrata. Con Martinelli la criminalidad no es preocupación ciudadana y el narcotráfico y delitos conexos no han invadido las instituciones del Estado. Existe transparencia en las licitaciones públicas y las contrataciones directas y se ha dominado la rapiña por la riqueza del Estado.

Como la Casa Blanca lo tiene bien calibrado, Obama lo sacudió. ‘Siga soñando’, Martinelli, fue la estocada. Y, por ello, el regreso del viaje fue sin trofeos en las manos ni fanfarrias en las calles. La foto costó demasiado y Panamá la paga.

*PERIODISTA Y DOCENTE UNIVERSITARIO.