28 de Oct de 2021

  • Redacción Digital La Estrella

Opinión

De Osama a Obama, ¿se hizo justicia?

Desde octubre 2001, la guerra de Afganistán le ha costado al contribuyente americano más de US$275 mil millones. En vidas humanas, más d...

Desde octubre 2001, la guerra de Afganistán le ha costado al contribuyente americano más de US$275 mil millones. En vidas humanas, más de 2,340 muertos de los cuales 1,465 son soldados americanos. Sin contar los costos de heridos que usualmente son más que las muertes. Ni los muertos y heridos afganos.

El propósito declarado de la invasión norteamericana a Afganistán después del ataque a las torres del World Trade Center, que causó casi tres mil muertes, fue combatir los campamentos de Al Qaeda, derribar el régimen talibán y llevar a los culpables del atentado ante la justicia. En el tiempo, el discurso cambió: acabar con el terrorismo, donde se encontrase, con lo cual se justificó la invasión de Iraq, capturar a los dirigentes de Al Qaeda, vivos o muertos, la Ley Patriótica que otorga poderes extraordinarios, que suponen una limitación de libertades individuales o de proceso judicial, hasta las guerras preventivas.

Al anunciar la muerte de Osama, el presidente Obama dijo: ‘La muerte de Osama Bin Laden constituye el más significativo logro en el esfuerzo de nuestra nación para derrotar a Al Qaeda. Se hizo justicia’. Así. Simplemente Obama afirmó que ‘nuevamente se nos recuerda que EE.UU. puede hacer lo que se proponga. Esa es nuestra historia’.

Noticias posteriores, tanto de fuentes ligadas a USA como otras, generan confusión. Según algunas, Osama cayó combatiendo. Según otras, escudado en una mujer. Otra fuente va más allá: fue capturado vivo y ejecutado sumariamente. Y para complemento, se desaparece el cadáver y se hacen públicos, parcialmente, videos que apuntan a que Osama era un peligro real, porque continuaba liderando Al Qaeda desde un lugar sin comunicaciones modernas, oculto cerca de quienes lo buscaban, y con pocos guardaespaldas.

No soy ingenuo. Un Osama capturado vivo, se convertiría en un fuerte acicate para que otros musulmanes fundamentalistas, distintos a Al Qaeda, se convirtiesen en jihadíes. Y también obligaría a darle a Osama el tratamiento que autoriza la Ley Patriótica, que vulnera libertades, o reconocerle las protecciones que la Constitución americana les reconoce a todos los individuos, poniendo al gobierno americano en una situación difícil.

Un Osama muerto, como ha sucedido, significaría réditos políticos de corto plazo, una distracción en la angustia que la situación económica actual experimentan los americanos y el resto del mundo, y un respiro entre los soldados, porque han cumplido un objetivo militar.

Y esto nos lleva a una situación de inevitables comparaciones: ¿Qué se quiere servir?: la Justicia, o la legitimación del ejercicio del Poder. Antes de seguir, te digo lo que pienso: No me gustan los fundamentalistas de ningún signo que, como decía el rabino Palti Sommerstein, son individuos cubiertos con fundas mentales que nublan el pensamiento. Creo en los regímenes de derecho, como humana alternativa a las pasiones humanas.

Es cierto, llevar a Osama a juicio hubiese significado retos al Establishment. Y una tribuna para que Osama y los musulmanes expresasen por vía pacífica, y no por las armas, sus argumentos contra la sociedad occidental a la que pertenecemos y reconocemos como imperfecta. Pero también habría contribuido a fortalecer la diferencia entre ellos, los fundamentalistas, y nosotros, los que nos consideramos racionalistas. Los que creemos que no estamos en condición de imponer nuestros puntos de vista por la fuerza, el engaño o la explotación de humanas debilidades.

Pobre argumento del presidente Obama, que la muerte de un terrorista es un logro contra las fuerzas tenebrosas del oscurantismo fundamentalista que pregonaba el difunto. Y que eso es justicia. Olvida que No ha existido imperio que por el solo poder de sus armas haya logrado imponerse y mantenerse indefinidamente. La Historia así nos lo cuenta. Los únicos pueblos que han sobrevivido las vicisitudes, crímenes y holocaustos de siglos, son los que ponen su fuerza en el Espíritu. Nunca en las armas.

*PERIODISTA.