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25 de Oct de 2020

Redacción Digital La Estrella

Opinión

Fútbol, fanatismo y equilibrio

R umbas, jolgorio, pantallas gigantes, camisas, balones, caravanas y la reunión con los amigos, en fin, el fútbol es la fiesta que hace ...

R umbas, jolgorio, pantallas gigantes, camisas, balones, caravanas y la reunión con los amigos, en fin, el fútbol es la fiesta que hace dejar atrás los problemas que nos fastidian. Si la gente le pusiera ese mismo entusiasmo e interés a la hora de resolver los problemas, Panamá sería mucho mejor.

Soy fanática del béisbol, entusiasta del equipo de Chiriquí y de los Yankees de Nueva York; pero, el fútbol para mí es otra cosa, me confieso incondicional del Real Madrid y, por supuesto, de la selección panameña en todas sus categorías, de ellos no hay quien pueda distanciarme. A la vida personal y social de los jugadores, les doy seguimiento así como, a su rendimiento en el campo de juego. Conozco hasta cuántos centímetros tienen la grama de un campo de fútbol y hasta cuántas gotas promedio por minuto transpira el jugador. Tanto es mi fanatismo que la noche anterior al juego por la Copa de Oro, soñé que nuestra ‘Sele’ metió el esférico diez veces en la portería contraria. ¡Jó!, tremendo sueño. Y, es que nunca debemos dejar de soñar, porque solo soñando tenemos la libertad de que nuestros anhelos se cumplan.

Perdimos la Copa de Oro de la Concacaf y confieso que la tristeza me atontó al finalizar el juego, pero me repuse rápidamente al observar y sentir que los muchachos se fajaron de manera digna y correcta. Muchas veces una derrota vale más que el triunfo obtenido, porque las emociones del momento se viven intensamente y el fanatismo lo saltamos de alegría y pase lo que pase nuestra esencia queda intacta, porque somos seres llenos de pasión.

El fanatismo es un concepto que suele llevar apellido. Hablamos de ‘fanatismo religioso’, ‘fanatismo racial’, ‘fanatismo político’, etc. Y, normalmente lo identificamos con manifestaciones de violencia. Pero, eso no siempre es así. El fanatismo es la causa de los gritos de la gente en presencia de su ídolo musical. Y, del amor a la Patria en el momento que ella lo demande.

El fanatismo es básicamente un ahorro de energía psicológica. Para entenderlo pensemos en las sensaciones que produce el que duda que no se puede alcanzar el triunfo. Una persona que experimenta dudas en una situación determinada se encuentra en la necesidad de realizar una elaboración compleja, porque ha de buscar distintas posibilidades: estudiarlas, sopesarlas, calcular los factores que pueden intervenir, mirar el problema desde distintos puntos de vista y, evaluar las posibilidades de éxito y de fracaso. Durante ese proceso el psiquismo trabaja mucho, se experimenta una sensación de inseguridad, las acciones son más lentas y la incertidumbre produce cierto temor al fracaso y, a las consecuencias.

Da igual de qué duda estemos hablando: ¿existe Dios?, ¿vamos al cine?, ¿estudio medicina?, ¿me caso con esa persona?, ¿ganaremos la Copa de Oro? Como es lógico, a mayor trascendencia de la duda, mayor es la tensión que se produce y más fuertes son las sensaciones de indecisión y desconfianza. El fanatismo ahorra todo eso. Propone a la psiquis una solución rápida, contundente y eficaz. Como consecuencia produce un registro de unidad, de coherencia personal que refuerza el fanatismo y que ayuda a integrarse en un grupo con el que se identifica y que le acoge con entusiasmo. En síntesis, desde un punto de vista psicológico el fanatismo supone un gran ahorro de energía que impulsa a la persona.

No obstante, hay un tipo de fanatismo que nuestra cultura ennoblece: héroes que dieron su vida por su país, mártires que dieron su vida por Dios, conquistadores que extendieron su fe salvadora por el mundo. Incluso nos hemos acostumbrado a escuchar a deportistas que ‘dan todo por el todo’, a entrenadores que exigen ‘luchar hasta la muerte’, y a sus seguidores a admirar los colores de la bandera de su equipo.

Sin embargo, el fanatismo puede llegar a producir efectos secundarios cuando traspasa el límite del equilibrio emocional y mental, porque limita la libertad, empobrece el psiquismo, impide la autocrítica y el afán de superación, reduce la riqueza de matices de la vida, y en muchos casos desemboca en la falta de identidad y desorientación. Es por ello, que se debe tener un equilibrio, un control, un balance, que te hará pensar hasta dónde debes llegar sin dejar a un lado tu yo interno, que te ayuda a identificar cómo eres y qué te gusta.

*EXPERTA DE LA CONDUCTA HUMANA.