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06 de Apr de 2020

Redacción Digital La Estrella

Opinión

Religión y riqueza

EMPRESARIO. Los escritores y/o intérpretes de las Sagradas Escrituras han puesto en boca de Jesús aquello de: ‘Más fácil entra un camel...

EMPRESARIO

Los escritores y/o intérpretes de las Sagradas Escrituras han puesto en boca de Jesús aquello de: ‘Más fácil entra un camello por el ojo de una aguja, que un rico al reino de los cielos’. Sentencia que por irradiar envidia y resentimiento, no pudo haberse originado del Dios Todo Bondad, Todo Justicia, sino, obviamente, por alguno de tantos mortales que se autodenominan sus voceros.

Se afirma, pues, que toda riqueza tiene origen malsano, pecaminoso; que jamás podría ser producto de una vida sobria de trabajo esforzado y perseverante. Y por lógica, implicaría, también, que ningún pobre puede deber su condición producto de una vida licenciosa, irresponsable y corrupta. ¡Semejantes disparates no pueden ser Sabiduría Divina que, además de desalentar el deseo al trabajo, es una clara incitación a la lucha de clases, en vez de promover la convivencia pacífica entre los hombres!

Lo anterior demuestra, además, una actitud egoísta, anti Divina, porque ¿por qué Dios habría de comunicarse solo con algunos pocos supuestamente escogidos voceros y no con todos los mortales que él mismo creó a su imagen y semejanza?

A lo anterior agregaríamos otro precepto de la misma Iglesia, denominado la Doctrina Social de la Iglesia, que dice tener una ‘opción preferencial por los pobres’. Este es un bello enunciado que encierra un indudable sentimiento caritativo, pero que de allí no pasa, pues, este flagelo de la pobreza no se podrá acabar ni mediante condena a los exitosos, ni con solo emitir palabras bonitas, sino únicamente mediante el estudio y trabajo esforzado de cada uno. ¿Cuántos siglos tiene la Iglesia de existir sin haber podido, con tan buenas intenciones, erradicar la pobreza ni siquiera entre sus propios feligreses?

Las anteriores supuestas frases Divinas, tampoco determinan cómo se calificaría la riqueza, para poder conocer quiénes podemos aspirar al Cielo. ¿Dónde radica la línea que separa a los unos de los otros?

En razón de lo anterior podríamos establecer cuatro categorías, así: 1— Los pobres que viven como ricos; este grupo incluiría, sin duda, a los tramposos, estafadores y gente de mal vivir; 2— Los ricos que viven como ricos; que ya estarían condenados de antemano, según aquello del camello; 3— Los ricos que viven como pobres, incurrirían en avaricia, uno de los pecados capitales; y 4— Los pobres que viven como pobres, grupo único que, según estos preceptos, podría acceder al Paraíso Eterno.

Esto, además, nos daría la falsa impresión de que la Iglesia lo que promociona es la pobreza igualitaria en el mundo, en vez del bienestar humano generalizado.

¿Podríamos comparar la riqueza del famoso Rey Herodes de aquellos tiempos, con la que hoy ostentan, por ejemplo: Shakira o Alex Rodríguez o Carlos Slim, además de la de aquellos otros cientos de miles de multimillonarios del mundo actual? Todo esto nos comprueba que tales escritores de los libros sagrados estaban muy lejos de ser voceros de Dios, y que, circunscritos a su pequeño mundo local contemporáneo ni se imaginaban lo que sería el de hoy y, mucho menos del que vendrá mañana, como sí lo conocería el verdadero Dios Omnipotente y Omnipresente.

Otro ejemplo: Henry Ford, desarrolló el automóvil y ello le produjo una gran riqueza. ¿Debemos rechazar el automóvil porque a través de este Henry Ford se hizo millonario? ¿Y los enormes beneficios que el auto le rinde a toda la Humanidad?

¡Y la lista de ejemplos similares al de Ford sería interminable!