12 de Ago de 2022

  • Redacción Digital La Estrella

Opinión

La parada de Pacora

COMUNICADOR SOCIAL.. T odas las noches a las 10 sale un autobús de pasajeros desde hace mucho tiempo, con destino a La Doña de la 24 de...

COMUNICADOR SOCIAL.

T odas las noches a las 10 sale un autobús de pasajeros desde hace mucho tiempo, con destino a La Doña de la 24 de diciembre, sin faltar un solo día, llueve o truene, muy solicitado por gente que viene o va a trabajar o asiste a compromisos de cualquier índole en la ciudad, ya que en este centro comercial se hace el trasbordo de algunas de las rutas del Este de Panamá.

En una de esas vueltas, de regreso a Las Garzas, en un cruce muy peligroso y en donde ocurren accidentes muy seguido, un camión de transportar arena, chocó con un autobús repleto de pasajeros, ocurriendo una terrible tragedia e incendiándose una parte del bus. La gente que contó lo ocurrido, lo hizo con lágrimas en los ojos, porque fue algo horrible escuchar los gritos, lamentos y llantos de las personas que murieron dentro del autobús. Los que lograron sobrevivir, fue de milagros y la gente auxiliaba con lo que podía a los heridos del fatal accidente.

Dicen que fue espantoso. Y las personas del lugar donde se encuentra el cruce de Pacora aseguran que todavía al día de hoy, en las noches, se escuchan esos gritos, llantos y lamentos desgarradores.

Así como salía un autobús a cada hora durante el día había otros; el último de la noche, el de las 11:30 p.m. Salió con muchos pasajeros de La Doña, pero en Felipillo, comunidad intermedia, se desocupó el autobús, viniendo solo el chofer, el cobrador, y tres pasajeros que ocupaban los asientos delanteros. Venían comentando, el conductor y el pavo, lo malo que había sido el viaje, pues, no había muchos pasajeros.

Más adelante, de pronto, vieron que mucha gente les hacía la parada; el chofer y el cobrador se alegraron de que a fin de cuentas obtuvieran buenas ganancias. Los pasajeros subieron y se fueron a la parte trasera del autobús, sin saludar. Aunque al conductor le extrañó, porque en esa parada nunca había muchos usuarios del transporte, y se lo comentó a su ayudante, el cual especuló: ‘han de ser excursionistas’.

Así pues, siguieron con el viaje en silencio por la carretera desierta a través de la espesa noche. Al salir de una curva vislumbraron las luces de Las Garzas; el operario, encendió las lámparas internas del autobús y le dijo al muchacho: ‘¡Ya ve cobrando!; ¡Casi llegamos!’.

El ayudante caminó con la maquinita en la mano hacia los puestos traseros del autobús, y no tardó en regresar. Sin decir nada, se paró junto al conductor, el cual lo miró extrañado, y le preguntó: ‘¿Qué te pasa? ¿Se te olvidó el cambio o qué?, ¡allí traigo cambio en la guantera!’.

El pavo no decía nada, pero su semblante estaba muy pálido, parecía que se iba a desmayar. Pasaron unos segundos, y el muchacho le susurró algo al oído del chofer y este solo exclamó:

‘¡Estás loco!, ¡no puede ser!’.

El operario detuvo el autobús, fue con su ayudante a la parte trasera y comprobó lo que le dijo el joven. Ambos Se pusieron pálidos y el chofer les preguntó a los tres pasajeros que venían desde La Doña: ‘¿Ustedes vieron a los pasajeros que subieron en la entrada de Pacora?’.

Al unísono Todos contestaron ‘¡Sí!’ y al voltear a mirar vieron que no viajaba en el autobús nadie más que ellos.

Uno de ellos dijo: ‘¡No puede ser! ¡Si todos vimos que subieron en la parada de Pacora!’. Este es el nombre del lugar donde está el cruce fatídico y donde hace ya varios años ocurrió aquella lamentable tragedia.

Desde entonces, algunos sucesos fatales han acaecido en el tramo de carretera cercano a la Parada de Pacora. En este pesado y lúgubre sitio, aún resaltan veinticuatro corazones azules estampados en el pavimento, en memoria de aquellas víctimas de un trágico accidente que ocurriera el 13 de agosto del 2009...