09 de Dic de 2022

  • Redacción Digital La Estrella

Opinión

Rompimiento forzado

SECRETARIO GENERAL DE CONUSI—FRENADESO.. S ino fuera por las consecuencias que tiene que pagar el pueblo trabajador, el show mediático ...

SECRETARIO GENERAL DE CONUSI—FRENADESO.

S ino fuera por las consecuencias que tiene que pagar el pueblo trabajador, el show mediático de la ruptura de la alianza de gobierno quedaría registrado como el final de una mala novela.

Para nadie era un secreto que lo pactado en la embajada norteamericana para el proceso electoral del 2009 se derrumbaba, esto no fue más que la crónica de una muerte anunciada. Quienes propiciaron la alianza (embajada norteamericana) también fue testigo de la ruptura, según medios de comunicación social.

El Partido Panameñista se vio forzado a romper con la alianza oficialista, luego de ser cómplice de medidas antipopulares impuestas a sangre y fuego como la Ley Chorizo, las reformas al Código Minero (medidas derogadas por la lucha del pueblo en las calles), la Ley Pinchazo, la Ley Carcelazo, el 7%; de haber aupado junto con Cambio Democrático despidos masivos en el sector público, de haber defendido el bandalaje gubernamental y de ser parte de los grandes negociados que se desarrollan. Los panameñistas toleraron toda clase de insultos de sus aliados políticos, violaciones de los acuerdos interpartidarios, la compra de diputados, alcaldes y representantes suyos, con la esperanza de conservar hasta el final los puestos públicos y ser parte de la repartición del botín económico. Fueron 26 meses de complacencia y complicidad.

Es decir, la ruptura no se debió a discrepancias en las políticas públicas, tampoco por el rechazo a la corrupción imperante en las diversas estructuras gubernamentales ni a la impunidad que prevalece y se acrecienta en el gobierno, se debió, como ellos mismos han reconocido, a las ambiciones económicas (negociados) y las ansias de poder político.

En lo económico, si bien la adquisición de tierras parece ser un detonante de las diferencias Martinelli—Varella y de los intereses detrás de ellos, lo cierto es que la ‘competencia’ por hacerse de los negociados que impusieron en la gestión pública se dio en más de una ocasión.

En lo político, lo que le importa al gobierno de Ricardo Martinelli es la segunda vuelta, su proyecto de reelección presidencial, para ello las antidemocráticas reformas constitucionales y electorales que han contribuido estos dos años a profundizar este estado de zozobra e inestabilidad política.

Lo que acontece pone a flor de piel la mafiocracia que impera en la cúpula de poder económico y político del país; evidencia que ni el CD, ni el PRD—PP, ni los panameñistas constituye un cambio al estatus quo imperante, donde se desatienden las demandas sociales del pueblo, donde priva la corrupción y la impunidad para los ladrones de cuello blanco. Ya habíamos advertido al pueblo no creer en las falsas promesas de la partidocracia.

Exhortamos al pueblo a organizarse y luchar en defensa del derecho a la vida digna, la equidad y justicia social. Es la hora de construir juntos nuestro propio instrumento político electoral, inscribiéndonos en el Frente Amplio por la Democracia (FAD), como una alternativa real al pillaje y a los intereses aviesos de los partidos políticos tradicionales, tanto del gobierno como de la mal llamada oposición.

Nuestra tarea es luchar para construir poder popular y crear las condiciones para la autoconvocatoria de una Asamblea Constituyente Originaria con plenos poderes, como recurso democrático para acabar con el estado de corrupción y de injusticias que impera en el país.