29 de Nov de 2022

  • Redacción Digital La Estrella

Opinión

Buscándole la quinta pata al gato

EX DIPUTADA DE LA REPÚBLICA.. Los recientes acontecimientos políticos ocurridos —dentro y fuera del país— demuestran que nuestro nivel ...

EX DIPUTADA DE LA REPÚBLICA.

Los recientes acontecimientos políticos ocurridos —dentro y fuera del país— demuestran que nuestro nivel de sensatez política es escaso. Si fueran daños producidos por el huracán Irene, diría que contra la Naturaleza nadie puede; pero tratándose de hechos producidos por mis compatriotas, me pregunto: ¿Era necesaria la intranquilidad política que ha hostigado a Panamá desde finales de agosto? ¿Es positivo para el país? ¿Estamos mejor ahora? ¿O pretenderemos que aquí no ha pasado nada, aunque situaciones similares se puedan repetir?

El problema latente es el riesgo de mezclar politiquería con economía y pretender que lo uno no afecta lo otro. Miremos cómo está el mundo: ‘allá afuera’ las noticias no pueden ser más preocupantes. Pobres decisiones políticas han causado problemas financieros por todos lados. En Europa, con Grecia incapaz de pagar sus cuentas de ayer e Italia, Irlanda, España y Portugal en capilla ardiente, todo el continente tiembla ante una posible hecatombe financiera y una temida recesión económica. Un excesivo endeudamiento público obliga a los gobiernos a tomar medidas drásticas, como aumento de impuestos, recorte de gastos e inversiones públicas, menos servicios públicos y beneficios sociales, ajustes de salarios. Surgen entonces protestas callejeras, manifestaciones de repudio, choques con la policía, heridos y hasta muertos; en fin, intranquilidad ciudadana, inestabilidad gubernamental, tensiones sociales que eran perfectamente previsibles. Hasta Vargas Llosa llega a comentar que puede peligrar la Unión Europea.

Si por allá llueve, por Norteamérica no escampa. Se culpa a un pobre manejo político como el responsable de una enorme deuda pública que crece sin frenos y que, a su vez, impide la adopción de medidas que eviten una posible recesión económica, que incentiven la inversión privada y que resuelvan el problema del desempleo. Es un círculo vicioso: sin consumo, no hay inversión; sin inversión, no hay nuevos empleos; sin más empleos, no hay consumo. Nuevamente sufre el pueblo, gracias a actitudes demagogas de políticos que no se ponen de acuerdo, porque sólo piensan en las próximas elecciones.

Acá los políticos, también pensando en sus intereses personales, caldean el ambiente sin considerar que sus acciones pueden tener consecuencias nocivas para la economía familiar. El país se desarrolla y crece como nunca; nunca un gobierno ha tenido tanta plata. Nos dicen que tenemos pleno empleo, que somos la envidia de América, que la pobreza disminuye, etc. Pero no podíamos quedarnos quietos y disfrutarlo: era necesario crear tensiones políticas, forzando una segunda vuelta patentemente repudiada por la opinión pública y rompiendo la alianza de gobierno que se le ofreció al electorado como fórmula de buen gobierno.

La Asamblea Nacional contribuyó a la intranquilidad, manoseando torpemente las reformas al Código Electoral que, después de meses de debates para llegar a consensos, le propuso la Comisión de Reformas Electorales. Eliminaron sanas recomendaciones tendientes a mejorar el proceso electoral; en su lugar echaron al caldero el hueso duro de roer de la segunda vuelta, para aprobarla a tambor batiente en un madrugonazo. Fue su contribución a las tensiones ya creadas.

En la OEA también nos pusieron en tensión cuando nuestro embajador puso en tela de dudas la transparencia y honorabilidad de su secretario general, denunciando supuestos manejos irregulares de dineros. Esas sorpresivas y vergonzosas acusaciones recorrieron las Américas, fueron recibidas con incredulidad, y terminaron por ser retiradas para escarnio de nuestro país. No quedamos bien.

El Ejecutivo puede armar su equipo de gobierno como le plazca y la Asamblea tiene el deber de no traicionar el querer del pueblo que la eligió. Pero no resulta aconsejable crear tensiones que a juicio del pueblo sean innecesarias; peor aún, si son resultado de desenlaces abruptos y poco elegantes, y de aprobaciones legislativas a media madrugada.

La quinta pata del gato ha sido la forzada aprobación de una segunda vuelta y el destemplado rompimiento a destiempo. La intranquilidad, preocupaciones, cuestionamientos y suspicacias –dentro y fuera del país— podrían acarrear consecuencias adversas a la economía y a la confianza que debe inspirar el grupo gobernante. Sin ánimo de tomar partido en un conflicto político que no me pertenece, pienso que bien haríamos en dejar la politiquería para otra ocasión.