Temas Especiales

20 de Jan de 2021

Redacción Digital La Estrella

Opinión

Economía incierta

CONSULTOR INDEPENDIENTE EN ECONOMÍA POLÍTICA; MAGÍSTER EN POLÍTICAS PÚBLICAS DE LA UNIVERSIDAD DE HARVARD.

CONSULTOR INDEPENDIENTE EN ECONOMÍA POLÍTICA; MAGÍSTER EN POLÍTICAS PÚBLICAS DE LA UNIVERSIDAD DE HARVARD.

T oda nación debe ser vista como un todo. Limitarnos a una óptica sesgada, en este caso la puramente macroeconómica, crea una percepción engañosamente positiva de la realidad. Pero al adentrarnos en un análisis más minucioso de las vivencias diarias de los ciudadanos, encontramos una realidad marcada sistémicamente por injusticias e inequidades.

Panamá pareciese encontrarse en una posición relativamente favorable al resto del istmo centroamericano en cuanto a su desempeño económico, complementado por indicadores sociales superiores al resto de los países, excepto por Costa Rica. Sin embargo, el crecimiento es sostenido por actividades económicas precarias que esconden un futuro incierto y peligroso para Panamá, con un sector construcción en franca regresión, y sectores de transporte, comunicaciones y finanzas en crecimiento, pero con poca influencia sobre el resto de la economía, en especial en la generación de empleos. Los sectores con fuerte impacto sobre la vida de los ciudadanos, como la industria, agricultura y comercio, están en alarmante retroceso. A la vez, una ambiciosa estrategia de elevado gasto público mantiene nuestro crecimiento entre los más altos de Latinoamérica, pero es insostenible a largo plazo, por la deuda que genera y por el sobrecalentamiento de la economía, reflejado en una inflación nunca antes vista en Panamá.

La composición de la economía determina el tipo de oportunidades que existirán para la población, y los sectores priorizados por Panamá manejan un gran flujo de capital, pero sus beneficios son acaparados por grupos comerciales minoritarios y por profesionales con un conocimiento técnico muy específico. Los indicadores que sustentan nuestro crecimiento son promedios que esconden las enormes disparidades entre áreas geográficas, sectores económicos y ciudadanos. Las oportunidades se vuelvan escasas a medida el modelo de crecimiento concentra la riqueza, creando las condiciones de desesperanza que conducen a la crispación social. Es claro, nuestra economía tiene una base frágil, y que si en algún momento entramos en crisis, no tenemos la solidez para ofrecer alternativas concretas a la población.

Regionalmente, Panamá debe aprovechar las ventajas estratégicas que tienen nuestros vecinos, como Guatemala y Costa Rica, en industria, turismo y agricultura para formar alianzas estratégicas que nos permitan dinamizar la producción nacional y aprovechar mejor nuestras ventajas naturales, y alejarnos de nuestra dependencia casi exclusiva en un sector servicio, que no ofrece oportunidades a gran parte de la población y que es altamente susceptible a las crisis externas. Los réditos de estos intercambios deben ser invertidos en aumentar el capital social de la población.

Los grandes problemas sociales que aquejan en forma aguda a otros países centroamericanos pareciesen algo ajeno a Panamá, pero es importante que tengamos la humildad de comprender que nuestra economía tiene graves deficiencias estructurales y que, si queremos evitar llegar a un desequilibrio social peligroso, es importante que nos concentremos en diversificar nuestra economía, para asegurar que tengamos una base sólida que nos permita crecer en forma sostenible y ofrecer más y mejores oportunidades de desarrollo a los cientos de miles de ciudadanos que aspiran a una vida con la dignidad que todos merecemos.